7 de septiembre

Una vez más siete de septiembre y una vez más mi cumpleaños. Este año me lo tomo con la serenidad (y resignación) que da la edad. Con veinte años lo vives todo de forma acelerada, engrandeciendo cada cosa que haces y cada sueño. A esa edad uno va en busca de referentes y piensa que todo se va a cumplir. Van pasando los años y los sueños se van rompiendo, a medida que otros crecen. Te das cuenta de que la vida no es como la habías pintado y empiezas a perder la frescura que te caracterizaba. La inocencia se va y no vuelve nunca.

Ahora vives de otra forma, más pausada, más sensata, más realista. Muy pocas cosas quedan por vivir por primera vez y eso hace que parezca que la vida es aburrida, pero simplemente es diferente… más realista. Esa pasión, esos saltos de corazón, simplemente han desaparecido. ¿Madurez? No sé, pero eso te lo da la edad.

Ves etapas de tu vida que no volverán, personas que no volverán. La muerte es más real. Has visto demasiada gente morir. La nostalgia es más grande que los sueños. Sabes lo que es llorar por cosas importantes, no como cuando eras adolescente, que llorabas por cosas que ahora piensas que son tonterías, pero que entonces eran un mundo.

Ahora te conoces mejor que nunca. Sabes lo que quieres y, sobre todo, sabes lo que no quieres, por eso has aprendido a apartarte de lo que te hace daño, aunque eso te haya hecho más daño aún. Te sientes solo porque demasiada gente se ha ido y te preguntas si verdaderamente merece la pena seguir luchando. Después te pones a caminar, a soñar, y te das cuenta de que sí, que merece la pena.

Con el paso de los años, reflexionas de otra forma y valoras lo que tienes y lo que tenías. Te das cuenta de que tenías que haber demostrado más cariño, pero ya es tarde. En tu cumpleaños tiendes a estar triste, porque echas de menos a tu madre, a tus hermanos, pero es la vida que has elegido y has aprendido a ser consecuente.

Sí, has aprendido mucho, y lo que te queda. Cada paso que das aprendes algo, alguien te da una bofetada en la cara. La cruda realidad.

Lo importante es que no has perdido la ilusión, que te sigues emocionando por las pequeñas cosas, que no necesitas grandes fortunas para ser feliz, que te conformas con ver una sonrisa.

Feliz cumpleaños Javier. Sigue aprendiendo, sigue luchando, sigue viviendo.

Author: Javier Herce