Aquel 2007

Hoy me ha dado por ver fotos de una época que marcó el resto de mi vida: el año 2007. De vez en cuando me gusta recordar. Tener memoria es algo bueno con el paso de los años, y me suelo sorprender a mí mismo sin sentir pena, nostalgia o algún tipo de sentimiento tipo «cualquier tiempo pasado fue mejor», porque en realidad no lo fue. Fue una época de transición personal, de cambios decisivos, pero no volvería a ese Javier de hace doce años, más joven, pero totalmente perdido. Además, veo las fotos, y me parezco un niño a mí mismo.

Ese año empezó con sueños que acababan de cumplirse. En 2006 me publicaron mi primera novela, bien recibida por los lectores, me sacaban en muchos medios, televisiones, periódicos, radio… No paraba de hacer cosas. Además, con el apoyo del Ayuntamiento de Logroño, pude hacer mis primeras exposiciones fotográficas y fue la época de la locura de Terror Drag, esa trilogía de cortometrajes con un éxito que me sorprendió a mí mismo. Dirigir la trilogía, escribir los guiones, hacer uno de los personajes, montar las horas y horas de metraje… fue una locura.

NaT y yo intentando hacernos fotos con el reloj de la cámara y no llegando a tiempo de colocarnos.

Daba la bienvenida al 2007 con muchos proyectos y con mucha ilusión. iba a por todas, pero en primavera ocurrió algo que me rompió por dentro, hasta el punto de casi acabar conmigo. Eso me hizo sentirme más perdido aún e hizo que tomara la decisión más importante e inteligente que he tomado nunca. Llevaba años queriendo venirme a vivir a Madrid y, eso mismo que nació y congeló dos años aquella inquietud, al morir hizo que volviera a mí esa necesidad, así que lo dejé todo, trabajo fijo, familia, amigos… y me vine ese septiembre con solo 400 euros en la cuenta.

Los meses que transcurrieron hasta que hice la mudanza fueron importantísimos para mí y jamás los olvidaré. Como montarme en una montaña rusa. Sabía que me iba y que cada día era una despedida de mi ciudad natal, por lo que quería que fuera inolvidable. Hice cosas que jamás habría hecho de no saber que estaba gastando los últimos cartuchos.

Recuerdo ese viaje a Liendo para ver a NaT, amiga madrileña que veraneaba allí y cuya amistad estaba creciendo en aquellos momentos. Coger el coche e ir a verla en su ambiente, su amada casa del pueblo, me acercó más a ella. Tengo muchas fotos de ese día. Me he reído un montón viendo las que nos hicimos en la playa con el reloj de la cámara de fotos para poder salir los dos sentados en unas rocas en mitad del agua. En algunas se nos ve cómo no llegamos a tiempo y la cámara se dispara antes de estar preparados.

Éramos dos soñadores, dos blogeros en época pre-Facebook, pre-Twitter, pre-Instagram y todas las redes sociales. Ni siquiera existía el término red social. Teníamos nuestro blog (por eso nos conocimos NaT y yo), el Myspace, Fotolog y éramos felices con eso. Ahora todo aquello ya no existe, aunque yo me he empeñado en no dejar morir mi blog a lo largo de estos años.

Con Ana un sábado noche.

Otra amiga fue clave para mí ese 2007. Mi amistad con Ana en Logroño había crecido hasta el punto de ser suficientes los dos para montar verdaderas fiestas los fines de semana por la noche. Ella también quería irse de Logroño, aunque al final fui yo el primero que lo hizo. Disfrutamos tantísimo ese verano… Recuerdo muy bien coger el coche el sábado por la noche, después de trabajar, y plantarnos en Pamplona para pasar las noches más divertidas de mi vida. Nos reíamos, bailábamos, éramos descarados, siempre hacíamos algún amigo y aprovechábamos juntos cada minuto. Alguna vez se nos unía Juan, David, o los dos. También recuerdo haber ido a Zaragoza y, por supuesto las noches en Logroño.

Es curioso, pero a la vez de todo esto, durante esos meses no pude ser más virginal y, pese a las fotos tan disparatadas que guardo (me ha costado encontrar alguna en la que saliese con Ana y no estuviéramos haciendo el tonto con muecas y con unas posturas que ni yo mismo me lo creo viéndolas ahora) jamás probé el alcohol, como no lo he hecho ni antes ni después. Nunca se me olvidará una frase que decía Ana y que se ha grabado en mi mente: «¡Estás loco» ¡No le des alcohol! ¿Tú le has visto? ¡Encima quieres que beba!». Recuerdo haber llorado de risa muchas veces con ella. Inolvidable. Me siento muy agradecido por haberla tenido y, pase lo que pase, aunque ahora nos separen muchos kilómetros y no nos veamos, para mí siempre será una gran amiga y alguien muy especial en mi vida.

Una noche en Pamplona. Aunque no lo parezca, yo era muy virginal esos meses.

En septiembre de 2007 me vine a Madrid y la vida volvió a empezar. Fue como renacer. El resto forma parte de otra historia interminable, pero todo lo que ocurrió antes de irme, toda la tristeza, las risas, los sueños rotos y mi corazón hecho trizas ha hecho que aprenda, que sea más fuerte y que recibiera esa nueva etapa de mi vida con tal convicción, que pese a los primeros meses aquí, no volví.

Hice bien. Una noche vino a visitarme la magia del wiccano y todo lo que ocurrió hasta entonces dejó de importar. Como si lo hubiera vivido otra persona. Esa es la sensación que tengo cuando echo la vista atrás y recuerdo esa época. Por eso veo las fotos y no siento esa tristeza por los tiempos pasados. No cambio mi yo de ahora por nada del mundo.

Author: Javier Herce