Así comienza el año…

Por fin está aquí el dos mil veintiuno. Estábamos deseando dejar atrás un año en el que todo se ha parado, que hemos vivido dramas como jamás habíamos imaginado y que ha dejado imágenes y recuerdos para la historia. La pandemia sigue en este año, pero se ve luz al final del túnel para que todos podamos volver a hacer las cosas que hacíamos siempre.

Ha sido un año en el que he enfermado en primavera y en otoño he vivido meses de malestar constante. Ha sido el año en el que he dejado el gimnasio y he dejado de correr, aunque quiero volver a hacerlo. Ha sido el año en el que no he ido a Logroño ni una vez. Ha sido el año en el que no he entrado en el estudio de grabación. Este ha sido el año de la mascarilla, de no ver a gente desde marzo, a mi madre, de hacer poco más que trabajar y dar paseos para matar el rato.

Por otra parte, también ha sido el año en el que he recobrado la ilusión por escribir. Después de casi cuatro años sin acabar ninguna novela, este año he escrito dos y he empezado otra. También ha sido el año en el que me han vuelto a publicar, después de tres sin hacerlo.

El dos mil veintiuno ya está aquí y toca hacer propósitos, aunque a mí eso nunca me ha gustado. Podría decir un montón de cosas que quiero hacer, pero no me lo voy a proponer, porque los tiempos son tan inciertos, que cualquier cosa puede suceder. Es mejor adaptarse al día a día. ¿Quién nos iba a decir que viviríamos dentro de una película de ciencia ficción y, los que no vivimos la situación del primer estado de alarma desde casa, porque tenemos trabajos esenciales, veríamos situaciones casi apocalípticas en la calle? Prefiero no plantear e intentar hacer las cosas que la situación me vaya dejando. Por ejemplo, me gustaría volver a hacer fotografía, porque en dos mil veinte solo hice una sesión que no ha visto la luz. Me gustaría volver a entrar en un estudio de grabación y crear las nuevas canciones y me gustaría sacar adelante varios proyectos literarios, como la novela de vampiros que escribí a medias y dejé, continuar con la que he empezado y otro proyecto que me tiene muy ocupado estos días, que es posiblemente mi trabajo literario más ambicioso y complicado de todos los que he hecho. Además, lo estoy preparando sin ninguna intención de que se publique jamás. Escribir la historia de mi vida va a ser una forma de terapia, de sacar fantasmas dentro y de contarle a alguien (a una hoja en blanco) cosas que jamás le he contado a nadie. Es una historia muy complicada que necesita de mucha información y por eso estoy acribillando a mi madre a preguntas y ella, que sabe por qué lo hago, me está ayudando en todo.

Esta nochevieja no me he dedicado a ir felicitando a todo el mundo. Otras veces lo hago, pero esta vez casi no he hablado con nadie. Estoy un poco inapetente y el paso de los años te enseña a ser cada vez más cerrado y a no empeñarte en esperar cosas de la gente.

Empieza el dos mil veintiuno y nadie, nadie, sabe qué va a ser de él, pero yo le doy la bienvenida.

Author: Javier Herce