El robo de la cartera

Cuando algo empieza mal, acaba mal. Ayer, como era el día del orgullo, no me quería quedar en casa. Me apetecía salir a la calle y respirar el aire, ver gente y pasarlo bien. Ángel, Juanjo, Joel, Edgar, Jesús y Fer me habían dicho de ir con ellos al escenario de la plaza Sol para ver a las Nancys Rubias y después a Fangoria. Era un buen plan, pero yo sabía que nos iba a costar entrar, ya que no íbamos a ir con tiempo, debido al trabajo de varios de nosotros, como así fue. Eran casi las nueve cuando intentábamos entrar a la plaza, cerrada por la policía por seguridad. Estaba todo apestado de gente y desde el centro de la calle Preciados ya era imposible el paso. Estos se empeñaron en intentar entrar por otra parte. Yo les decía que nos fuéramos a la plaza Zerolo que allí seguro que podíamos, pero no había manera. Dimos una gran vuelta por Arenal, la calle Correos y demás. No se podía pasar. Al final accedieron a ir a Zerolo y allí, después de dar una vuelta, porque estaba cerrada también, pudimos entrar y no había tanta gente. Por el camino una sorpresa. Lo vi de espaldas y lo reocnocí enseguida, como si no hubiera pasado el tiempo, a pesar que de aquello habían transcurrido ya doce años. Me acerqué a él y le toqué por la espalda. Estaba hablando por el móvil y al verme colgó. Nos dimos un gran abrazo de esos que te das con alguien que ves a menudo. Rubén Bésametonto ya no vive en Madrid y la última vez que lo vi creo que fue hace siete u ocho años, pero ahí estábamos, los mismos que en el dos mil cinco soñábamos con hacer grandes cosas y que tenemos una historia que nosotros sabemos. Me hizo gracia que me preguntara qué había hecho porque estaba igual y que si me había operado. Incluso buscó cicatrices ocultas de cirugía. Le dije que claro que no y me reí. Estuvimos hablando un poco en le trayecto que nuestros caminos coincidían y recordé una gran época de mi vida, clave en mi decisión de abandonar Logroño y venirme a vivir a Madrid. Aquellos fueron muy buenos tiempos. Nos comíamos el mundo y juntos hicimos un equipo invencible. Lo bueno es que seguimos siendo jóvenes y nos reencontramos con cariño sonriendo por aquello que ocurrió y que nos unió para siempre, como los amigos que no necesitan verse para serlo. Él es mi portada de “El cuaderno de Bruno” y eso queda ahí.

Eran casi las diez cuando conseguíamos acceder a la plaza Pedro Zerolo (antes Vázquez de Mella) y me venía bien, porque a y cuarto según el programa actuaban los chicos de Medias Puri y me hacía ilusión verlos. Estos entraron en unos baños portátiles que yo ni muerto usaría y mientras los esperaba se me acercó alguien a darme un flayer. Al levantar la vista vi que era Tamar, de Medias Puri, vestida para actuar, y nos dimos un abrazo. Detrás de ella estaban Lisvet, Aria, Hornella Góngora, Leyva y Antonio. Me acerqué y nos saludamos todos haciéndoles la broma de agradecerles los flyers porque así iba a ver el sitio y lo conocía. Fueron todos muy simpáticos. Me dijeron que ya habían actuado, porque les habían adelantado la hora. Fue una lástima, pero el sábado los volveré a ver. Al irse apareció Puri, que s eme acercó a decirme: “Tu eres un cliente asiduo, uno de los mejores que tengo”, cosa que me hizo mucha gracia.

Se nos unió Víctor, que llevaba un rato intentando llegar hasta donde estábamos, porque un amigo con el que iba a salir le dio plantón. Dimos una vuelta por la plaza y al final nos pusimos delante del escenario, cuando Ultra Naté ya había acabado y hubo un espectáculo de travestis que no me gustó nada, y mira que me gustan a mí los espectáculos de travestis.

A las once acabó todo, por ley, por el ruido, y yo dije que me iba a casa. Víctor también y se vino conmigo al metro. Allí abrí mi mochila para coger la cartera y el bono metro. No la encontraba y me di cuenta de que tenía la mochila rajada. Me la habían robado. Me quedé en estado de shock. Sin bono metro ni dinero, solo podía volver andando a casa y además en la cartera tenía mi DNI, mi carnet de conducir, tarjetas de crédito… Toda mi documentación. En dinero solo veinte euros. Me habían hecho una gran faena, por no decir algo más grande. Víctor se ofreció a pagarme un taxi, pero le dije que no, que me iba andando a casa. Estaba que no sabía reaccionar. Lo primero que hice fue anular la tarjeta de crédito y al irme llamar a Ángel para contárselo. Me pidió que fuera donde estaban cenando y allí me dieron dinero para coger el metro. No sé por qué esa vez no lo rechacé. No reaccionaba con normalidad a nada. Era la primera vez que me robaban así y no conseguía asimilarlo.

Al llegar a casa no dormí nada. Me levantaba a las cuatro y media para trabajar y estuve todo el tiempo dando vueltas en la cama. Hoy por la tarde, agotado, he ido a comisaría para tramitar en nuevo DNI y allí, casi cuando empezábamos a hacerlo, me han llamado por teléfono. Al ver que era un fijo, algo me ha dicho que era por la cartera, así que he contestado y sí. Me llamaban de la biblioteca nacional. Un policía municipal había encontrado la cartera y llamado a un número que venía en mi carnet de la biblioteca y de allí me llamaban con el número del municipal para que lo llamara, dejándome claro que el hombre lo hacía de forma personal.

Estaba en la plaza Pedro Zerolo, donde habían encontrado la cartera, vestido de paisano con un compañero, supongo que trabajando de incógnito. Hemos quedado allí y he ido con el wiccano corriendo a por mi cartera. Al llegar, lleno de gente, me ha reconocido y me ha pedido que le diera datos. Le he dicho todo lo que venía en mi DNI y me ha enseñado una bolsa donde estaba mi cartera y los documentos, todo esparcido y mojado. Tonto de mí pensaba que la habrían encontrado intacta. Se sorprendieron cuando les he dicho que eso había ocurrido ayer, porque les parecía increíble que un día después la encontraran. Me han pedido que les explicara cómo ocurrió, para vigilar mejor la plaza y les he agradecido muchísimo el favor que me han hecho, porque solo se habían llevado el dinero. Aunque las tarjetas y el bono metro estaban anulados, recuperaba mi DNI y mi carnet de conducir, aunque la cartera ataúd estaba insalvable. Tenía unas fotos y unos recuerdos que no se han salvado, pero ha sido un alivio recuperar el resto.

Dos días que han sido una aventura, que no creo que olvide, que lo he pasado bien, que lo he pasado muy mal y que, de todas todas, han hecho del día del orgullo algo único.

2 Replies to “El robo de la cartera”

  1. Que suerte primo
    A mi me robaron en em metro de Roma. 300 euros y anular todo. El primer día de viaje.
    Nunca apareció nada.
    No saben el incordio que pueden causar.

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