Empezamos a ver la luz.

Parece que ya se empieza a ver la luz en esta situación de estado de alarma. Por lo que parece, la “normalidad” llegará más rápido de lo que me esperaba y, la verdad, yo estoy deseándolo, siempre y cuando la gente se comporte con responsabilidad (cosa que día a día veo que muchos no hacen, aunque es verdad que para uno que lo hace mal, hay miles que lo hacen bien).

Después de mes y medio sin poder ir a correr, este sábado ya podremos hacerlo en la calle, cosa que para mí será recibido como si fuera la noche de Halloween o Navidad. De verdad que necesito hacerlo acostumbrado a correr entre tres y cinco días a la semana.

Nos enfrentamos a una nueva normalidad. Puede que la antigua fuera un poco desmedida (los españoles siempre hemos tenido la costumbre de ser muy afectuosos físicamente, dando besos, abrazos, hablando mientras nos cogemos de un brazo… algo con lo que yo siempre he estado en contra) y ahora empecemos a tener una cultura del afecto diferente, más parecida a la oriental. Aún no me puedo hacer una idea de cómo vamos a reaccionar todos después de que este coronavirus haya formado parte de nuestra vida. Puede que sea solo al principio y después volvamos a lo de antes. El ser humano tiene una capacidad asombrosa de olvidar lo que le interesa olvidar.

De todas formas, necesitamos ya dejar esto atrás y recuperar un poco nuestras vidas. Los que no hemos dejado de trabajar también estamos deseando que nuestro trabajo recupere la normalidad de antes. Seguimos saliendo a la calle todos los días para ir a nuestro puesto de trabajo, pero lo que hemos visto desde el primer día (un cambio en la sociedad y en las calles que no han visto los que siguen confinados en sus casas) ha sido traumático, aunque ya nos hemos acostumbrado a la mascarilla y a ir solos en el autobús o el metro.

Este año va a pasar a la historia y nos va a costar olvidarlo mucho.

Author: Javier Herce