Encerrado en el estudio de grabación.

Últimamente acabo mis vacaciones por lo alto, creando. Las últimas lo hice con el proyecto fotográfico en el cementerio (que aún no he mostrado) y estas, que acabaron ayer, las he terminado metido en el estudio de grabación, no solo cantando la nueva versión de Invítame A Volar, sino también el que después será el segundo single. Ya puedo decir que mi productor es nada menos que Alberto Díez con su Irae Studio, un lugar en el que he aprendido muchísimo y en el que he encontrado la profesionalidad que buscaba, y encima al lado de un gran amigo al que admiro desde hace años con su grupo Láudano, para mí la mejor formación gótica que ha dado este país nunca… y además de mi ciudad natal. Este último dato ha hecho que tenga que ir a Logroño para grabar. La producción se ha creado comunicándonos por internet mandándonos pruebas y grabaciones, pero para registrar mi voz no quedaba más remedio que viajar allí. Quedamos en que lo haría este fin de semana y así ha sido.

En un principio iba a ir el viernes por la tarde para meternos en el estudio el sábado por la mañana, estar el tiempo que hiciera falta y aprovechar también el domingo si quedaba algo, pero hubo algo que me dio miedo y podía estropearlo todo: mi alergia. Cuando iba a hablar con Alberto para quedar me acordé del perro y el gato que viven en casa de mi madre, sobre todo el gato. Si dormía allí la noche antes de grabar, un taque de alergia podía estropear mi voz y echarlo todo a perder, así que le dije a Alberto que mejor iba el sábado por la mañana, solo que hasta medio día no llegaría allí, así que quedamos por la tarde. Había tiempo de sobra y seguíamos teniendo el domingo. No le dije a nadie que iba, más que a mi madre y mis hermanos, claro, porque no iba a tener tiempo para nada, así que ha sido un viaje casi secreto.

Como hasta por la tarde no habíamos quedado, no tenía necesidad de coger el primer autobús de la mañana, así que cogí el segundo, para poder dormir un poco más, aunque como soy así, a las tres y media de la mañana estaba en pie. Sabía que mientras el cansancio no afectara a mi voz, no habría problema, y de momento la tenía bien. A las tres y veinte, después de casi cinco horas de interminable e incómodo viaje, llegaba roto a Logroño, pero expectante y con energía. Me fui a comer con mi madre y, nada más entrar en su casa… La perra y la gata me recibieron… Con el perro no tengo tanto problema. Yo tengo dos y no me generan alergia, aunque la perra de mi hermano a veces sí que me da, por lo que era mejor tener cuidado.

A las seis de la tarde Alberto me recogió con el coche y nos fuimos a su estudio de grabación, situado a las afueras de la ciudad, en una nave industrial que por dentro sorprende siendo y conjunto de locales de ensayo y estudios de grabación. Al entrar en Irae Studio descubrí un lugar apasionante, perfectamente decorado con un ambiente gótico acogedor. Nada más entrar, me sentí a gusto y eso ha ayudado mucho en el resultado. Alberto me preguntó por cuál de las dos canciones empezábamos y pensé en dejar para el final Invítame A Volar, por ser una canción que requiere de mucha preparación vocal. Tengo que decir que, aunque no lo parezca, soy extremadamente vergonzoso y sabía que arrancar me iba a costar, porque nunca había cantado delante de él. Solo le había mandado grabaciones con el móvil.

Tuvo una idea buena y fue la de ponerme el micrófono de forma que estaría de espaldas a él y eso ayudó mucho. Lo que vino después fueron más de tres horas de tomas con la misma canción. Alberto me decía que era normal la primera vez, pero yo me sentía muy torpe. Resultó que la canción tenía mucha complicación, ya que cada estrofa y cada estribillo tienen una entonación diferente y eso lo hace complicado para una persona que la canta por primera vez encima de la instrumental, y eso que la había compuesto yo mismo. Nunca había estado en un estudio de grabación profesional y eso impone mucho, sobre todo a la voz, que tiene que estar muy relajada para salir bien. Descubrí que grabar un tema es mucho más difícil de lo que pensaba y, cuando acabamos, aunque Alberto decía que tenía tomas suficientes para que quedara bien, yo sabía que no había dado el cien por cien. Él me dijo que no me preocupara, que era la primera vez, como una toma de contacto, y que el domingo por la mañana quedaríamos y estaba convencido de que saldría todo rodado y a la primera.

Como prueba, hicimos una toma de Invítame A Volar, para ver qué salía. Resultó que, puede que por la falta de presión al saber que era solo una prueba, me salió la primera estrofa perfecta, aunque al llegar al estribillo mi voz dijo que ya estaba agotada después de cuatro horas sin parar de cantar, así que lo dejamos, aunque Alberto dijo que esa primera estrofa era perfecta y que seguramente se usaría en el resultado final. Quedamos al día siguiente a las diez de la mañana.

Al llegar a casa de mi madre, casi a las once de la noche, estaba tan cansado, que se me cerraban los ojos. Lo único que hice fue cenar un poco y me metí a la cama convencido de que dormiría como un tronco… iluso de mí.

A las cinco me desperté con un ligero ronroneo en la garganta. Pese a haber tenido la habitación cerrada con la ventana abierta y las sábanas de la cama limpias, la alergia había conseguido llegar. Necesitaba que no fuera a más, porque no me podía arriesgar a que la grabación no quedara perfecta, así que me levanté y me senté en el sofá. Tenía frío y me puse mi sudadera, recostado intentando quedarme dormido. Para los que tienen este tipo de ataques (parecidos a los asmáticos), saben que hay que evitar estar tumbado y que con el tronco más levantado, se alivia el problema respiratorio, con lo que intentar dormir en el sofá es un buen remedio.

El problema no se iba. Intenté tener paciencia cerrando los ojos y estando calmado, pero nada, hasta que me incorporé y me di cuenta de que tenía la sudadera completamente blanca de pelos. Mi madre lo había tenido todo en cuenta, pero se le había olvidado quitar la funda del sofá de mi habitación. Yo tampoco me había dado cuenta de que había que quitarla y me veía lleno de pelos de gato, como si estuviera siendo atacado por una plaga. Me quité la sudadera inmediatamente y me fui a la ducha para que no quedara nada en mi cuerpo. Incluso, por si acaso, me sequé la cara con papel higiénico. Después me fui a la calle a pasear, tomar aire y limpiar mis pulmones. Eran casi las ocho de la mañana y tenía tiempo de recuperarme antes de ir de nuevo al estudio de grabación. Mi madre me había hablado de un supermercado que abría muy pronto todos los días, incluso el domingo, y fui para allí, aprovechando para ver mi Logroño, sin gente en la calle. Me compré una bebida energética y miel, continué con mi paseo y volví a casa para prepararme, ya con los pulmones perfectos. Me hice un termo de leche cliente con miel y me fui.

Por suerte mi voz no había sido afectada por la alergia y, aunque aún me quedaba un poco de carraspeo, sabía que podría cantar. ¿Qué ocurrió esta vez en Irae Studio? Algo muy diferente al día anterior. Aunque Alberto estaba convencido de que tenía material suficiente para mezclar la canción, me pidió que cantara el segundo tema a ver cómo me salía y resultó que, prácticamente a la primera, me salió bien, con la voz muchísimo mejor que el día anterior, sin sonar con miedo, sonando con potencia y teniendo las tomas buenas para el resultado final. Él me dijo que pasaba siempre. El primer día el estudio impone muchísimo y sabía que el segundo día todo saldría rodado. Yo le comenté que no había quedado cien por cien satisfecho con lo que había hecho el día anterior, porque mi voz sonaba nasal, pero que lo que acabábamos de hacer me gustaba mucho.

Pasamos a Invítame a Volar. Hicimos varias tomas, sobre todo el final, que cambiamos tres veces, pero yo estaba muy relajado, aunque seguía con un poco de carraspera por la alergia, lo que hico que tuviéramos que repetir alguna cosa, porque me traicionaba la respiración. Salió todo muy bien y en dos horas tuvimos las dos canciones hechas. Ese día sí que acabé satisfecho con el trabajo y se notaba que Alberto también. Escuchamos lo grabado y vi lo que de verdad quería hacer desde el principio con Invítame A Volar. La canción por fin sonaba como tenía que sonar, sobre todo gracias a la producción de Alberto, que me ha ayudado muchísimo, que me ha sabido guiar y enseñar a sacar de mí lo que estaba dormido.

Las dos canciones, tan diferentes entre sí, van a quedar bien y estoy ansioso por escuchar el resultado final. He descubierto que cantar es mucho más difícil de lo que nadie piensa y que hay que trabajar muchísimo para hacer un buen trabajo. A mí nunca me ha importado trabajar, al contrario. Me gustan los retos y esforzarme por hacer algo que desde dentro necesito hacer.

Este fin de semana he aprendido muchísimas cosas y ha marcado el principio de algo que va a llegar y que no quiero dejar en solo eso. Seguiremos trabajando juntos y seguiré componiendo canciones. Después de tantos años sin cantar, ahora que me he decidido a dar el salto, no lo voy a dejar aquí. Era lo que de vedad me faltaba para ser un artista completo y por fin ha llegado el momento. Me siento muy agradecido de haber podido trabajar en Irae Studio, por la profesionalidad, la paciencia y la escuela que ha resultado ser. ¿Satisfecho? Mucho. ¿Expectante? Más.

Me fui a comer con mi madre, agotado por estar dos días durmiendo poco, y por la tarde, antes de que saliese el autobús de vuelta a Madrid, fuimos a casa de mi hermano para estar un poco con mis sobrinos. Ya en la estación, al despedirme de mi madre, me invadió la tristeza. Diez años después me costaba muchísimo separarme de ella de nuevo. Además, oírla decir que había sido feliz el fin de semana porque había estado con ella fue demasiado doloroso. Ver desde la ventanilla cómo se quedaba sola, como una niña pequeña, me volvió a romper el corazón y al sentir que el autobús se movía y me alejaba de ella, las lágrimas empezaron a salir de una forma que hacía tiempo no lo hacían. No me acostumbro a esto y puede que jamás lo haga.

Al llegar a casa, después de lo que me había parecido una eternidad fuera (aunque solo había estado en Logroño una noche), a las doce y media, por fin podía caer rendido en la cama, pero no. La alergia había vuelto (sus efectos muchas veces tardan horas en aparecer, aunque ya no estés en contacto con lo que te lo provoca) y tuve que pasar media noche en el sofá.

Ayer estaba tan cansado, que no salí de casa en todo el día, intentando que la vuelta al trabajo hoy no fuese demasiado cuesta arriba.

Publicado por Javier Herce en Domingo, 15 de octubre de 2017

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