Llegó el coronavirus

Estamos viviendo momento extraordinarios, sin precedentes y, para bien o para mal, históricos. Hace solo un par de meses no teníamos ni idea de que íbamos a vivir una situación que hasta ahora solo habíamos visto en películas y libros de terror y ciencia ficción.

Cuando se empezó a hablar de lo que comenzaba a ocurrir en China con lo que se empezó a llamar el coronavirus, parecía que la cosa quedaría ahí, como pasó con el ébola, que parecía que iba a ser una pandemia, y no lo fue. Con el coronavirus ha sido diferente. Salió de China discretamente y no ha tardado en convertirse en pandemia, afectando de forma masiva a todo el mundo y, en especial, a nuestro país, que engorda el número de infectados. Hoy iban más de siete mil, más de tres mil de ellos en Madrid, con lo que aquí se vive de forma más dramática aún. La situación ha pasado de anecdótica, a tomar precaución, a ser grave y a saltar la alarma nacional en cuestión de dos semanas. Primero cien en Madrid, después cuatrocientos, seiscientos… cada día la cifra se multiplicaba mientras en el resto de España se iba extendiendo, sobre todo en mi tierra, La Rioja, con un foco importante y un contagio rapidísimo. Por supuesto yo andaba preocupado por mi familia, sobre todo por mi madre, que con problemas pulmonares y su fibromialgia, debía de tener sumo cuidado de no contagiarse. Incluso un día estuvimos en vilo porque la policía no les dejaba entrar en casa ya que en su portal había casos sospechosos. Al final dieron negativo, pero la preocupación seguía ahí.

Aquí en Madrid la gente a principios de esta semana empezó a volverse loca vaciando los supermercados. Parecía que iba a ser cuestión de un par de días, que en cuanto llenaran las despensas se quedarían en casa, pero nada más lejos de la realidad. Ha sido una semana caótica. A medida que pasaban los días empezaban las recomendaciones de distancia de seguridad entre las personas, se cerraban colegios, institutos, universidades, discotecas, bares, teatros, conciertos… y la gente seguía acudiendo en masa a los supermercados donde llenaban sus carros como si fueran a meterse en un búnker durante una buena temporada… pero no se metían. Seguían yendo a los supermercados pensando que entraríamos en una crisis de desabastecimiento, cosa que no iba a ocurrir ni va a ocurrir.

El viernes el gobierno ya dijo que por favor la gente permaneciera en sus casas y solo saliera si era imprescindible y que en Madrid se iban a cerrar todas las tiendas que no fueran de primera necesidad, como supermercados y farmacias. Pese a que se dijo que los supermercados seguirían abiertos y se pidió que la gente se quedara en sus casas, porque en Madrid los contagios se estaban disparando de forma alarmante (rondábamos los dos mil), la gente no hizo ningún caso y, no solo continuó la afluencia a los supermercados, sino que se multiplicó de una forma alarmante. Cientos de personas aglomeradas dentro sin distancia de seguridad, filas en cajas de hasta veinte metros con carros inmensos, ningún tipo de consideración para los trabajadores (hablándoles a pocos centímetros de la cara, tocándoles, estornudando a su lado sin ni siquiera taparse…) Veíamos que íbamos a entrar en una condena que en los próximos días haría que todavía se multiplicara de forma mucho más alarmante los contagios. No había ningún control y, sobre todo, ninguna responsabilidad por parte de la ciudadanía.

El sábado se dijo que se iba a instaurar el estado de alarma a lo largo del día, con lo que seguía en pie la apertura solo de establecimientos de primera necesidad, pero ya en toda España, y la prohibición de estar en la calle salvo excepciones (ir a trabajar o comprar comida, por ejemplo) y siempre de forma individual debido al alarmante aumento diario de casos, con la mitad de toda España concentrados en Madrid. ¿Qué pasó? Lejos de quedarse en casa y de respetar los consejos de seguridad con la distancia entre personas y el contacto, a primera hora de la mañana la gente se agolpaba en la puerta de los supermercados a la espera de que abrieran y llevarse lo que pudieran, o lo que había, porque después de la compra masiva de los días anteriores, tanto los almacenes como los proveedores se vieron desbordados para reponer las tiendas, con lo que se veían estanterías vacías, ya que no llegaba la mercancía a tiempo de ser repuesta y algunas cosas estaban agotadas (¿Alguien entiende lo del papel higiénico?). Los camiones llegaban a las tiendas con mucho retraso y no daba tiempo de tener las tiendas repuestas para la apertura, lo que hacía pensar a la gente que era verdad eso de que no iba a haber abastecimiento. En un cuarto de hora de apertura de tiendas la gente las colapsaba, con filas más largas que el día anterior, sin ningún control ni responsabilidad ciudadana con la distancia de seguridad ni la llamada de no salir de casa. Los trabajadores volvían a verse amenazados con el contagio tratando con cientos de personas que los tocaban, les cogían del brazo para hablarles, o les ponían una mano en la espalda, les hablaban cerca, muy cerca (hablo de a veces a menos de diez centímetros de la cara), seguían tosiendo sin taparse…

Por la noche el presidente Pedro Sánchez dio su comunicado dando las instrucciones del estado de alarma que empezarían al día siguiente, hoy domingo. Unas medidas que llegaban tarde, no por culpa del gobierno, ya que todo esto es algo nuevo en la era moderna y no había un patrón al que seguir, porque nunca había ocurrido algo así. Digo que estas medidas llegan tarde porque, para cuando llegan, la gente se ha comportado de una forma irresponsablemente grave durante toda una semana. Advierten de que en Madrid en unos días los contagios se dispararían de forma dramática y sí, está claro que lo van a hacer, viendo cómo la gente ha actuado en los supermercados.

Hoy domingo la ciudad se ha despertado en un nuevo mañana, desierta, con supermercados abiertos con limitación de entrada, en fila, de forma individual y obligando a usar guantes y respetar la distancia de seguridad (también con los trabajadores) y, aunque se han visto largas filas en las calles para entrar (sobre todo debido a la distancia de seguridad entre las personas), las compras masivas han desaparecido y la gente se ha empezado a quedar en sus casa pero, como he dicho, tarde, muy tarde. Esto empieza hoy y está muy bien, pero han estado días advirtiendo de que no se hiciera justamente lo que la gente ha hecho y hoy amanecíamos con tres mil infectados en Madrid.

Nos esperan días en los que ese número va a subir mucho, muchísimo, y es algo que no me va a extrañar nada. En España llevamos siete mil doscientos enfermos y casi trescientas muertes. Esto no es nada para la que nos espera. Como los trabajadores empiecen a enfermar, que lo harán, a ver quién trabaja en los supermercados para que la gente (que ha sido tan irresponsable) siga comprando y no le falte qué comer.

Se pensaba que esto iba a ser como el ébola y que quedaría localizado en su región de origen con algún contagiado esporádico, pero el coronavirus Covid-19 va a ser una dura lección para la humanidad.

Author: Javier Herce