Mariah Carey en Madrid

Este pasado lunes, diecisiete de diciembre, se cumplió uno de mis grandes sueños, que no era otro más que poder ver por primera vez a uno de mis ídolos, Mariah Carey.

Pocos lo saben, pero soy fanático de ella desde que en mil novecientos noventa y dos, siendo un niño, escuché por primera vez su versión de los Jackson 5, I’ll Be There. Después lanzó su álbum Music Box y con él cambió totalmente mi forma de ver y entender la música. Ella ha influido mucho a lo largo de estos años en mi gusto musical, en mi manera de analizar la voz al cantar, me adentró en los sonidos soul que tanto me han marcado y me hizo entender que cantar iba mucho más allá de lo que había imaginado.

Pese a que mi gran ídolo es Madonna, Mariah Carey ha estado a mi lado siempre, cerrando el trío más importante para mí musicalmente: Madonna, Mariah Carey y Janet Jackson.

Durante todos estos años la he seguido muy de cerca, la he admirado y he aprendido a su lado, pero jamás la había visto en vivo. La última vez que vino a Madrid fue hace dieciocho años y yo por entonces vivía en mi Logroño natal, del que prácticamente nunca había salido fuera de las vacaciones de verano. Desde entonces, ninguna ocasión de poder verla, pero hace unos meses, cuando se anunció que sus conciertos navideños saldrían pro primera vez de Estados Unidos y que vendría a Madrid, supe que el momento de poder verla había llegado, aunque el precio de la entrada fuese de ciento treinta y cinco euros (una barbaridad para un concierto que no encierra un espectáculo que justifique tal cantidad. Por ejemplo, ver a Madonna nunca me ha costado tan caro y sus giras son mucho más caras, por el tipo de escenario, de show, bailarines…). En fin, que no pensaba perdérmelo y cogí mi entrada.

El día llegó el pasado lunes en el Wizink Center y sabía muy bien que sería una noche que nunca olvidaría. Iba a ir solo, pero no me importaba. Esa noche se trataba de Mariah Carey y de mí. Era algo entre los dos y no necesitábamos a nadie más, pese a que allí iba a haber miles de personas, pero para mí estaríamos solos ella y yo.

La apertura de las puertas sería a las siete y media de la tarde y la hora de comienzo del concierto estaba programada a las nueve, así que a las siete y veinte, muy puntual, estaba allí. No hacía falta que fuera antes para hacer fila, ya que todo el recinto constaba de asientos reservados, por lo que tenía mi sitio asegurado, muy cerca del escenario. Por el momento estaba tranquilo. Al llegar al Wizink Center vi que allí ya se respiraba ambiente de concierto, con gente alrededor en todas las puertas, televisión y mucho movimiento. Fui hacia la puerta que me tocaba para entrar a pista y me puse a esperar entre la gente. Enseguida nos dejaron pasar, previo cacheo de seguridad. Una vez dentro nos indicaron hacia donde teníamos que ir cada uno y busqué el merchandising. Imperdonable que solo hubiera camisetas y sudaderas navideñas, unas tazas, unos vasos y accesorios navideños. Que sí, que era un concierto navideño, pero debían de haber aprovechado para vender discos (yo esperaba hacerme con la edición de su nuevo álbum, Caution, con la portada alternativa, o su versión vinilo), tourbooks o demás elementos de coleccionista para fans. Una pena.

Pasé a pista y, para mi sorpresa, era uno de los primeros en entrar. Todo el mundo se estaba quedando arriba tomando algo o mirando las camisetas. Me acompañaron a mi asiento y solo quedaba esperar. Allí, frente a mí, el escenario cubierto de una gran tela roja y casi todos los asientos vacíos.

Por delante me esperaba hora y media de espera que se me iba a hacer muy larga. Hacía un calor impresionante allí dentro (menuda potencia de calefacción para calentar semejante recinto) y poco a poco fui viendo cómo la gente iba llegando mientras sonaba la música R&B pinchada por un Dj que acompaña a Mariah Carey en esta gira navideña. Digo poco a poco porque, a diez minutos de las nueve, aún quedaban muchos asientos por ocupar. en teoría el concierto empezaba a las nueve y a y diez aún seguía entrando gente…

No sé si porque al equipo no les informaron que se había anunciado a las nueve o qué, pero el concierto por fin comenzó justo a y media. Se apagaron las luces y sonó una música mientras una bailarina danzaba por delante de la tela roja antes de descubrirse el escenario y que ese emocionante momento en el que sabes que va a salir uno de tus ídolos y se te pone un nudo en el estómago llegó de repente al ver que todo el mundo se ponía en pie para recibir a Mariah Carey cantando Hark! The Herald Angels Sings en lo alto de las escaleras del escenario (sencillo y adornado con árboles de navidad y regalos por todas partes) con una voz tan clara que parecía que te estaba contando al oído. Con un vestido blanco con una falda de gasa muy voluminosa y unas alas de ángel, varias luces salían de su atuendo mientras sonreía al cantar recibiendo a un entusiasmadísimo público.

Dejando las alas a un lado bajó de las escaleras para cantar Charlie Brown/Christmas Time Is Here y una divertida Oh Santa! con las niñas bailarinas a su alrededor. Mariah Carey se mostraba en todo momento sonriente y divertida, cosa que contagiaba al público en esa emocionante noche. 

Después vino uno de mis momentos preferidos del concierto, que fue cuando cantó Christmas  (Baby Please Come Home), uno de sus villancicos preferidos para mí. El concierto estaba siendo muy ágil. Ella hablaba con el público y su voz sonaba limpia y en plena forma. Mientras hacía el primer cambio sonó Jesus Oh What A Wonderful Child cantada por Trey Lorenz, su corista incondicional que la acompaña desde principios de los noventa, con un animado coro gospel. 

El cambio no era más que quitarse la falda para dejar al descubierto lo que parecía un top de lentejuelas blancas que en realidad era un vestido largo con apertura lateral casi hasta la cadera. Decir que últimamente le ha dado por ponerse corset debajo de la ropa para acentuar su cintura y que eso en realidad, a mi gusto, no estiliza su figura, haciendo que de perfil no se vea tan bien y limite un poco sus movimientos. Aún así, estaba más guapa que nunca.

Con una gran capucha blanca con dos pompones colgando, salió a cantar Silent Night acompañada de un coro gospel que se quedó con ella para uno de los grandes momentos de la noche: el tema Joy To The World con su impresionante intro y esa nota mantenida que a todos vuelve locos. Antes se quitó la capucha y habló con el público canturreando algunos temas al piano.

Después tocó When Christmas Comes con un invitado de excepción. Mientras se movía por el escenario con los bailarines, en un momento dado la cogen en hombros mientras le da la mano Bryan Tanaka, uno de sus bailarines con quien mantiene una relación sentimental.

Otro de los momentos especiales vino con una de las canciones nuevas que el año pasado formó parte de la banda sonora de The Star, el tema de mismo título que en otras ciudades canta acompañada de sus dos hijos pequeños, aunque en esta ocasión los disculpó diciendo que era tarde y que estaban durmiendo.

En Here Comes Santa Claus pudimos ver a un Papá Noel y una Mariah Carey divertida repartiendo peluches entre el público y sus bailarines repartidos en el escenario. 

Otro cambio de vestuario mientras las bailarinas hacían un número clásico con el tema clásico Carol Of The Bells cantado por un coro. Aunque Mariah no estaba en el escenario, me pareció un gran número ejecutado con mucho gusto.

De rojo absoluto con un vestido ajustado y un abrigo abierto que no se quita en ningún momento, salió a cantar Christmas Time Is In The Air demostrando su perfecto estado de voz. Como mejor suena esta mujer es cuando menos producción musical la acompaña. Eso está claro.

Después Oh Holy Night, momento álgido de la noche con esta dificilísima canción que canta con pie de micro en lo alto de las escaleras, aunque ya nos tenga acostumbrados a que el climax de la canción sea en riguroso playback, cosa que hay que decir que se notaba mucho, aunque todo el mundo se lo perdonó.

Nuevamente sale Bryan Tanaka para ayudarla a bajar las escaleras y llega la guinda del pastel cantando cuatro temas que no son navideños: Emotions, que nos lo regaló, porque no lo ha cantado en todos los conciertos, The Distance, de su último álbum, Caution, We Belong Together y Hero. Por supuesto, en este último, todo el mundo se volvió loco, aunque no tanto antes del esperado bis de la noche.

El concierto se daba por terminado y ella, recibiendo un ramo de flores de Bryan, se despedía, aunque no engañaba a nadie. todos sabíamos que quedaba el tema estrella. Los músicos volvían a salir y comenzaban a sonar los primeros acordes de All I Want For Christmas Is You antes de que Mariah saliera ataviada con su traje sexy de domadora inspirado en el Cascanueces.

El Wizinc Center casi se vino abajo con el colofón del concierto, una cita mágica, inolvidable, que nos hizo a todos sentir que habíamos viajado por una Navidad que daba comienzo esa noche y que, al menos para mí, ya es una de las más especiales de toda mi vida gracias a ella, Mariah Carey.

Después de hablar de las canciones, hablaré de lo que realmente importa de ella: su voz. Mucho se ha comentado de ella en los últimos años, pero lo que tengo que decir es que a mí me ha sorprendido. Esa noche demostró que tiene voz para hacer lo que le dé la gana. ¿Que no es la misma voz que tenía en los noventa? Evidentemente. Han pasado más de veinte años y ha pasado de ser una veinteañera a una mujer madura que conserva una de las voces más potentes que he escuchado, que sigue pudiendo hacer agudos y que cuando usa los famosos pinchazos (los playbacks en partes puntuales de alguna canción) que conocemos los fans, la mayoría de las veces es por inseguridad, porque si quiere, puede la mayoría de ellos.

También decir que casi todo fue en vivo, que ya nadie hace shows cien por cien en vivo, por lo que no se le puede acribillar por eso, ya que todos lo hacen, que para mí fue un concierto en vivo y que brilló, que no me defraudó, al contrario. Ha reforzado mi sentimiento de fan.

Esta nueva etapa de su carrera, más madura, más tranquila, sin obsesionarse con los charts, nos va a traer a una Mariah Carey muy interesante. Para muestra, su último álbum, Caution, para mí su mejor trabajo desde dos mil cinco, y que ha acaparado las mejores críticas de su carrera de los últimos veinte años.

Solo me queda decir gracias, Mariah, y que espero volver a verte.

Author: Javier Herce