Melancolía…

Hoy me está invadiendo la melancolía. No sé si es porque se acerca septiembre, porque estoy escuchando a Sade, o porque hace tiempo que no lloro la muerte de mi padre. Ahora estoy solo en casa y me da por pensar. Hace solo nueve meses de aquel accidente de tráfico y sigo dándole vueltas. Puede que sea demasiado pronto o puede que nunca me recupere, pero dentro de mí sigo sintiendo que hay algo roto, porque suena cuando camino y duele. Sigo con tantas preguntas, pese a que sé que jamás tendrán respuestas. Tengo demasiadas cosas guardadas que necesito que salgan pero, como siempre, me lo trago. Hay cosas de las que jamás he hablado con nadie y es posible que a estas alturas ya no tenga sentido sacarlas, pero me aprietan demasiado.

La imagen de la furgoneta con el cuerpo de mi padre tirado en el suelo sigue asaltando mi mente todo el tiempo y hoy se me ha caído una lágrima por él porque, después de todo, tuvo que acabar sus días así.

Mirando mis archivos, de casualidad he visto una foto suya. Parecía que lo tenía en frente y que nos mirábamos. Eso jamás volverá a ocurrir. La distancia entre esa foto y mis ojos es el vacío que ha creado su muerte, la tristeza que jamás se irá, los porqués, la rabia de que las cosas en su día no hubieran sido diferentes. Ahora está muerto y ya todo da igual. Era mi padre y nunca, jamás, lo volveré a ver.

Hoy me invade la melancolía. En el fondo lleva ahí desde noviembre y sé que nunca, mientras viva, se irá.

Invítame a volar, papá.

Author: Javier Herce

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