Nueva música en camino.

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Han pasado ya casi dos semanas desde que volví al estudio de grabación, pero he estado tan cansado, que no me apetecía sentarme a escribir en el blog. Eso no significa que las cosas no sigan adelante, porque siguen, y muy bien. El verano poco a poco va entrando en su cuenta atrás para acabar y septiembre está a la vuelta de la esquina, con lo que empezará a haber movimiento, tanto literario, com musical y fotográfico.

Lo primero que saldrá será la nueva música, fruto del trabajo en el estudio de grabación el fin de semana del once al doce de agosto. Ese viernes, día diez, viajaba a Logroño para pasar allí un par de días y meterme en IraeStudio donde íbamos a dar forma a dos canciones: la versión definitiva de Invítame a Volar y un tema nuevo que yo mismo he producido, una prueba a ver qué tal se me da ser más independiente musicalmente hablando.

Al final tuve libre desde el viernes y a medio día cogí un autobús de camino a mi Logroño natal para vivir una nueva aventura musical. Era la primera vez que cogía esa compañía nueva (me habían hablado bien de ella, era bastante más barata y no sabía que existía, así que decidí probar). Todo iba bien. el trayecto lo hacía directo y por Burgos, lo que aseguraba una carretera mejor y más cómoda.

Yo pensaba que iríamos todo el trayecto por autovía y autopista hasta que, al ver que en Burgos cogía una carretera nacional, una sensación extraña me sobrevino y corriendo miré en el móvil para ver exactamente por dónde íbamos, comprobando que mis sospechas eran ciertas. Con un escalofrío en el cuerpo vi que íbamos por la misma carretera por la que murió mi padre. Era la primera vez que pasaba por allí desde entonces (en realidad creo que solo había ido por ahí una vez hace ya años). El corazón me empezó a latir con fuerza. quería salir de allí, decirle al conductor que fuese por otro sitio, que no estaba preparado para pasar por el sitio en el que mi padre murió. lo conocía por las fotos que salieron en los periódicos con su cuerpo tendido en el suelo. Aquellas imágenes volvieron a mi mente y reviví esos momentos de angustia, hace poco más de año y medio. Respiré con profundidad para no llorar cuando vi que, justo antes de estar en el sitio justo, antes de pasar por delante de Gimileo (la altura en la que ocurrió), el autobús se desvió y allí cogimos una autopista. Respiré tranquilo por no tener que vivir esa experiencia. No sé cómo habría reaccionado si hubiéramos seguido por esa carretera. Me dejé caer en el asiento (al autobús iba medio vacío y no tenía a nadie a mi lado) y pude seguir con el viaje, aunque vi el pueblo y de todas formas haber traído a mi mente ese recuerdo me había dejado una sensación de tristeza en el cuerpo que no desapareció en todo el fin de semana.

Al llegar a Logroño mi madre me esperaba en casa y, como de costumbre, nos fuimos juntos a dar un paseo por la ciudad y a charlar un rato. Sabía que ese viaje no iba a ser tan especial como el anterior, en el que eran fiestas patronales, pero aun así quería que mi madre pudiera disfrutar de mí todo el tiempo posible. Sé que es algo que necesita y yo también. Esta fue la primera vez desde que ocurrió el accidente en la que no voy al cementerio, pero necesitaba no ir.

Al día siguiente, sábado, me esperaba un día en el estudio de grabación. A las diez de la mañana me recogió Albert con su coche y fuimos hacia allí. Todo estaba listo, mi voz estaba bien y había descansado (logrando una vez más no tener un ataque alérgico por la gata de mi hermano).

Allí, ese lugar que ya es familiar para mí y que ya no me impone tanto como al principio, calenté la voz con mis ejercicios aprendidos en clase y decidimos empezar por la canción nueva, un tema electrónico a medio tiempo. Las veces que la había ensayado en casa no me había dado cuenta de que iba a ser más intensa que Existe un Lugar (que fue complicada de grabar porque te tiene todo el tiempo en tensión casi sin poder respirar, con frases largas y que va creciendo). Esta nueva canción casi no me deja respirar entre frase y frase y eso la hizo muy difícil de grabar, además con un tono bastante fuerte (es como un grito en el que le digo al mundo que me deje vivir mi vida como yo quiero).

Hacer muchas tomas es algo normal y habitual, pero la intensidad de la canción hico que, después de dos horas cantando, me empezaran a doler las cuerdas vocales hasta el punto de no poder cantar bien. Decidimos parar. La canción estaba terminada, pero mi voz pedía descanso. Después de comer volveríamos para meternos con Invítame a Volar y para repetir alguna parte de la nueva.

Parar un poco es algo bueno que siempre nos ha funcionado, así que descansamos y me fui a por mi madre para que nos fuéramos a comer a casa de mi otro hermano y mis sobrinos. Allí pude verlos y estar un rato con ellos antes de volver al estudio. Esta vez teníamos poco tiempo, ya que Albert tenía que irse para rodar una escena de su nuevo videoclip, aunque podíamos grabar tranquilos. Para no forzar la voz (aún tenía picores), empezamos con Invítame a Volar, descubriendo en esta tercera vez que la grabo (y última), que mi voz ha cambiado tanto en este año, que ha crecido tanto con las clases, que la canción casi me salía sola, de forma natural, con un tono de voz que enseguida reconocí como mío, que sobaba bonito, como yo siempre quise. Enseguida supimos que iba a salir una canción redonda. Hubo que repetir las tomas habituales, aunque al ir terminando, en la parte final en la que la canción crece, me volvió a afectar el picor de la laringe y no conseguía dar con el toque que necesitaba. Albert tenía que irse, así que decidimos volver por la mañana. Mi voz tenía que descansar más y, como solo faltaba hacer el estribillo final, daba tiempo de estar una hora y media en el estudio antes de que saliera mi autobús de vuelta a Madrid.

Reconozco que me quedé un poco preocupado. Había estado a punto de fastidiarme de verdad las cuerdas vocales y no quería fastidiarlo todo en el final de la canción, que todo sonara tan bien y que con el final hubiera que conformarse con lo grabado, que era bueno, pero no estaba a la altura del resto.

Por la maña volvimos. Me encontraba mucho mejor y ese estribillo final salió perfecto. Además, hubo tiempo de repetir el final de la canción nueva, para asegurarnos de que esa dolencia no se notara en la canción.

Misión cumplida. No puedo decir nada de cómo sonará el nuevo tema, porque esto ha sido una prueba, pero me fui convencido de que habíamos dado con Invítame a Volar, que por fin tenía MI CANCIÓN.

Como no había mucho tiempo, me fui directo a la estación y mi madre fue para despedirse de mí. Una vez más, lo más duro del viaje a Logroño fue verla desde la ventanilla quedarse allí, sola, y alejarme sintiéndome culpable y, sobre todo, necesitándola tanto. Esas lágrimas son las que siempre me acompañan de vuelta, pero es algo que tengo que asumir. La vida nos ha cambiado demasiado y esto es lo que nos toca vivir.

Ya en Madrid solo me tocaba esperar para tener las canciones y ayer mismo recibí la primera mezcla de Invítame a Volar. La escuché nervioso e impaciente, descubriendo, emocionado y casi con lágrimas en los ojos, que ahora la canción se había convertido en algo hermoso, que sueno bien, que mi voz es una voz, y que por fin iba a sonar con orgullo. Ahora que la he escuchado como veinte veces en un día, sé con certeza que Invítame a Volar es lo más bello, difícil, personal e importante que he hecho en mi vida. Ha sido algo que me ha salido del corazón, que me ha costado (por lo que no he parado hasta tener la canción que yo quería), que me ha animado a volver a cantar después de tantos años y, sobre todo, ha sido algo que me ha demostrado que, cuando quieres algo, todo el esfuerzo invertido merece la pena.

La ayuda de Albert en la producción ha sido clave. Sin él no lo habría conseguido, porque me ha guiado pro el camino correcto, sabiendo lo que yo queriendo y teniendo la paciencia necesaria para no mandar a la mierda a este cabezota.

Ahora solo falta recibir el master de la canción, la versión acústica (con piano, que es la que en un principio iba a ser la principal, como la última versión que había oído la gente), rodar el videoclip y mostrar esta maravilla de canción que forma parte clave de la banda sonora de mi vida, por lo que me ha cambiado, por lo que hablo en ella y por todo lo que representa.