Nueva música

Aprovechando mis vacaciones, el viernes por la mañana llegaba a Logroño dispuesto a pasarme los siguientes tres días en el estudio de grabación para sacar tres canciones. Dos de ellas eran re-grabaciones de la anterior sesión y otra nueva.

Como de costumbre, llegué agotado. Los viajes me dejan hecho polvo, sobre todo si son en autobús y lo primero que se resiente es la voz, lo que hace que el trabajo en el estudio sea más complicado. A pesar de eso, la cosa fue bien. El mismo viernes por la tarde me reuní con Alberto y fuimos a IraeStudio, que tiene nuevo local, aunque en el mismo sitio. Ahora es más grandes y consta de tres salas. Por primera vez estaba solo en la sala de grabación y me comunicaba con Alberto por el micro y a través de un cristal.

Esa tarde dimos forma a la nueva grabación de uno de los temas que ya tenía, porque quería bajarle el tono y el tempo para que no sonara una voz tan extrema. Aproveché y le cambié toda la producción. Yo creo que ahora va a sonar mucho mejor. Al acabar intentamos empezar a grabar la nueva canción, pero mi voz estaba resentida y preferí descansar hasta el día siguiente, por lo que me fui a ver a mi madre, que estaba en casa de mi hermano, ya que esa noche se tenía que quedar allí a cuidar de mis sobrinos.

Al llegar después al que fue mi hogar durante años, la sensación fue extraña, ya que no había nadie, y no lo iba a haber al menos hasta la una de la mañana. Era la primera vez en muchos años en la que estaba allí completamente solo, en silencio, en mi habitación, aunque en realidad todo había cambiado demasiado. Sobre todo yo.

Estaba tan cansado, que me dormí enseguida, cosa que me vino muy bien para estar mejor por la mañana. Habíamos quedado para ir de nuevo al estudio a las diez de la mañana y a las siete y media estaba ya en pie. Como siempre, aproveché para darme un paseo antes de la grabación en un Logroño casi desierto a esas horas un sábado por la mañana, pese a ser vísperas de fiestas de San Bernabé.

Ya en el estudio la nueva canción resultó ser más difícil de lo que me esperaba. En el estudio tú no cantas la canción una o dos veces y ya está, sino que repites las tomas a veces muchas veces, con lo que cuando llevan media canción, a veces estás ya agotado, sobre todo si se trata de un tema tan potente como este, en el que la voz está todo el tiempo al límite.

Dos horas y media después nos faltaba la última parte, la más difícil, y estaba tan cansado, que no daba con ello, cada vez lo veía más complicado y empezaba a frustrarme hasta el punto de pensar que me había equivocado con los tonos, que eso era imposible de cantar y que la canción quedaría mal.

Después de sentarnos un rato a escuchar lo que habíamos grabado y hablar un poco sobre el tema con Alberto, la canción me parecía un horror y decidimos parar hasta la tarde, volver más descansado y ver qué pasaba. Yo ya me temía que otra vez tendría que rehacer el tema y grabarlo otra vez, aunque Alberto estaba convencido de que así la canción quedaría bien, que necesitaba descansar.

Nos fuimos y comí con mi madre. Pensé en echarme un poco la siesta, pero nos quedamos hablando en la cocina hasta que dio la hora de tener que volver.

Ya en el estudio decidimos ponernos con la otra canción que iba a re-grabar: No Me Quiero Ir De Aquí. Esta canción me gusta mucho, pero tenía la espina clavada pensando que se podía mejorar la voz, con lo que aproveché para variar algunas cosas y cambiar el tono para darle más armonía. Una vez allí Alberto descubrió que el cambio de tono no había cambiado la melodía, por lo que la canción habría que cantarla igual y era mejor usar la antigua instrumental, porque cuadraba mejor. Vamos, que me había equivocado. Escuchamos con detenimiento la otra versión, le señalé lo que, para mí, era mejorable, y estuvo de acuerdo conmigo. Repetiríamos toda la voz principal.

Nada más decir la primera frase, Alberto me hizo parar. Me pidió que repitiera sin música y después me dio otro tono para que la hiciera más baja. Me dijo que ese era el tono en el que la canción, con mi voz sonaría mejor, y el tono que yo andaba buscando para el resto de canciones. Tenía toda la razón y lo agradecí mucho, ya que llevo todos estos meses buscando mi tono y, como no soy músico y estoy solo en esto, él es la única persona que me puede dar buenos consejos con la música, y lo hace cada vez que nos vemos. Me dio el consejo de trabajar con ella en Madrid y grabarla la próxima vez. Había que bajarla dos tonos.

Decidimos acabar la nueva canción y, para mi sorpresa, estaba muy bien de voz y todo salió rodado, como si no fuera tan complicado como lo era por la mañana. Lo que me había pasado era que el repetir las tomas me había bloqueado y cansado. Resulta que las partes más complicadas de la canción salieron bastante rápido y a las siete y media la habíamos terminado, con todos los coros incluidos. Lo que era más sorprendente fue que, al escuchar lo que habíamos grabado, me gustó lo que oí.

Con eso dábamos por terminado el trabajo en el estudio, sin tener que volver al día siguiente por no tener que hacer una tercera canción. Estaba mucho más satisfecho que por la mañana y nos fuimos sabiendo que las dos canciones que habíamos hecho, estaban bien.

Sobre todo lo que me llevé fueron los consejos y todo lo que aprendo cada vez que entro al estudio, así que estaba muy contento, y más que se iba a poner mi madre cuando se enterase de que no tenía que volver al estudio y estaría con ella el resto del tiempo.

Repetimos lo mismo de la noche anterior, yendo a cenar a casa de mi hermano y después a dormir solo. Habíamos quedado en vernos el domingo por la mañana. Mi madre me avisaría cuando los niños se hubieran levantado, ya que comeríamos los cuatro juntos.

El domingo, día de La Rioja, me levanté pronto y me fui a pasear, uno de mis pasatiempos preferidos, mientras me llamaba mi madre, cosa que parecía que no iba a ser muy pronto.

Colgué una foto en el Facebook en la que se me veía en el Espolón y enseguida Javier Terrén me escribió un mensaje diciéndome que él también estaba allí. Quedamos para tomar algo mientras me llamaban y, lo que iba a ser media hora, al final fueron casi dos, porque mi madre no salió con mis sobrinos y me dijo que nos veríamos directamente en su casa para comer.

Fui allí y comimos los cuatro en el salón. Después nos pusimos a ver las fotos antiguas que tiene mi madre, ya que mi sobrina no había visto ninguna y estuvimos pasando la tarde así hasta que dio la hora de irme a la estación para volver a Madrid. ¿Qué fue lo mejor? Escuchar que mi madre me decía que ese había sido uno de los días más felices que recordaba, por haber pasado tanto rato conmigo y los dos sobrinos charlando y compartiendo el tiempo juntos.

Ya en el autobús, otra ve esa sensación que siempre tengo al irme de Logroño y que, por muchos años que pasen, seguirá ahí. Estoy entre dos tierras y es algo que ya tengo asumido, pero esa tristeza que me invade es inevitable.

Ya en Madrid me quedaba aún una semana de vacaciones para relajarme, disfrutar y descansar.

Sí. Están siendo unas buenas vacaciones.

Author: Javier Herce