Nuevas canciones

Hace una semana volvía de otro de mis viajes al estudio de grabación con varias diferencias en cuanto a las veces anteriores. La más importante: la evolución, ahora que se cumple un año de la primera vez que entré a grabar a IraeStudio.

En un principio tenía que entrar en el estudio el lunes quince de este mes de octubre, pero por motivos laborales tuve que adelantar el viaje un día y el sábado trece estaba en Logroño. Llegaba allí a las once de la noche después de un largo día que había empezado a las cinco de la mañana. Estaba tan cansado (cosa que hizo que el viaje fuera muchísimo más pesado que de costumbre, haciendo de esas cuatro horas en el autobús una verdadera tortura), que caí rendido en la cama que guardaba todos mis sueños hace ya años, cuando esa era mi habitación y yo era alguien que ahora veo como una persona muy lejana.

El domingo, día quince, había quedado a las diez de la mañana con Albert para ir al estudio y necesitaba estar descansado para tener la voz al cien por cien y, como siempre, saltar el obstáculo de mi alergia con la gata de mi madre. Me parece increíble que haya conseguido controlar esa alergia haciendo cuatro cosas muy básicas, pero importantísimas, en mi antigua habitación.

Conseguí dormir bien y a las diez estaba puntual a mi cita. Sabía que esta vez tenía una prueba de fuego que tenía que superar y, a la vez, estaba más tranquilo que nunca. Iba más preparado que otras veces para grabar dos canciones que yo mismo he producido. Una de ellas la grabamos la última vez que estuve allí y la íbamos a repetir, pero era como hacerlo por primera vez. Quedaban atrás las dos interminables “Existe un Lugar” e “Invítame a Volar”, que me encantan, pero llevaba más de un año en el que parecía que no sabía cantar otra cosa con tantas regrabaciones. Ahora la gente va a escuchar canciones nuevas y, sobre todo, va a empezar a ver mi evolución vocal fruto de las clases de canto a las que llevo yendo semanalmente desde noviembre del año pasado.

Al llegar al estudio empezamos con la más lenta, que si todo sale bien, será la que use con el lanzamiento de la nueva novela. Comenzamos con las primeras voces y yo mismo vi que todo salía mucho mejor que otras veces. Mi voz sonaba sin frustración. Simplemente dejaba que saliera, porque ya no tenía miedo. Es una canción con mucha armonía vocal en el estribillo, que no tiene letra, solo digo “oh”, manteniendo varias notas con varias voces una sobre otra. Fue todo muy rápido y natural. tardamos menos de la mitad de tiempo en completarla de lo que estamos acostumbrados con las anteriores canciones, lo que también a mí me dio tranquilidad y confianza al cantar. El resultado que pudimos escuchar ahí (todo sin mezclar ni nada, solo probando que la voz, las notas y demás estuviera en su sitio) quedaba tan bien, que si lo comparamos con las anteriores dos canciones, parece que las cantase otra persona. Quedó todo tan bonito que me fui de allí con ganas de volver por la tarde para hacer la segunda. Habíamos tardado solo dos horas en completar la canción.

Al llegar a casa de mi madre para comer con ella noté el cansancio y el dolor de cabeza. Por suerte tenía tiempo de acostarme una hora y me dormí para estar más descansado para la tarde.

Elegí hacer esa canción la segunda porque me daba un poco de miedo grabarla, como le comenté a Albert. La primera vez que la grabamos, en agosto, no quedé nada contento con el sonido de mi voz y estaba aterrado pensando que podía suceder lo mismo y que simplemente mi voz no servía para cantar algo así, aunque le hubiera bajado un tono y el tempo. Nada más lejos de la realidad. Aunque esta canción es más complicada de cantar que la primera (es más alta, rápida, no deja tiempo para respirar, tiene más letra…), conseguimos grabar todas las voces en solo hora y media. Además, había cambiado el final, dando giros vocales como en “Existe un Lugar”, lo que le da al tema un aspecto mucho más vocal. No me podía creer lo que escuchaba. Por primera vez estoy satisfecho con mi sonido vocal. Tengo aún mucho que aprender y que mejorar, pero este resultado por fin me hace sentir orgulloso de todo lo que estoy trabajando. Aún falta ver cómo queda todo después de la mezcla que va a hacer Albert aunque, en teoría, debería incluso mejorar, así que confío en él.

Salí de allí contento, y mucho. Grabé unos audios de las pruebas y, al enseñárselos a mi madre, saltó de alegría, me abrazó y me besó, sobre todo con la segunda canción, la más movida. Sus palabras fueron: “Esto sí me gusta”. Yo sé, porque la conozco, que ella hasta ahora pensaba que yo cantaba mal, que debería dejarlo (incluso una vez me llegó a decir que debería centrarme en escribir). Ahora, de repente, le gusta lo que hago, me pregunta, se interesa e, incluso, se ha ofrecido a dejarme dinero para las sesiones de grabación (aunque me he negado). Cómo cambian las cosas.

Nos fuimos a casa de mi hermano para verlo a él, a mi cuñada y mis sobrinos, y así acabó ese día con la sensación de haber hecho un buen trabajo. Tengo que decir que Albert me ha ayudado muchísimo con sus consejos, su guía y su paciencia conmigo. Él es gran culpable del buen trabajo.

El lunes por la mañana, como todo había salido bien y no tenía que volver al estudio, me fui a dar una vuelta hasta que mi madre estuviera libre. Lo primero que hice fue bajar al cementerio y allí, en la tumba de mi padre, volví a hacerme mil preguntas. Era la primera vez que iba a verlo solo y, estando él y yo me vine abajo pensando en todo, recordando y diciendo “¿por qué?” mil veces. Sé que no sirve de nada, pero tampoco lo puedo evitar.

De allí paseé por los puentes sobre el río Ebro, el casco antiguo y fui al Espolón, donde causalmente habían puesto la feria el libro antiguo, lo cual trajo muchísimos recuerdos a mi mente. Cuando vivía en Logroño, la feria del libro era uno de mis momentos preferidos del año y siempre iba varias veces hasta que la quitaban. 

Al empezar a verla me encontré allí casualmente a Albert y a Mónica y nos fuimos los tres a tomar algo y a tener una interesante charla sobre cómo están las cosas ahora para los artistas y cómo han cambiado las cosas en la movida gótica española. Fue muy agradable estar con ellos un rato y ver a Albert fuera del estudio de grabación. Me sigue pareciendo extraño haber pasado de ser fan de Láudano (lo sigo siendo), a ser amigo e, incluso, a trabajar con él en mi propia música. Quién me lo iba a haber dicho cuando, en Logroño, era un tímido fan.

Después quedé con mi madre y vimos juntos la feria del libro. Tampoco había tiempo de mucho más. El autobús de vuelta salía a las cuatro y cuarto, con lo que enseguida nos fuimos a comer y marché de Logroño con ese sentimiento de tristeza de siempre mezclado con la satisfacción de ir por el buen camino.

Llegué a Madrid roto sabiendo que me esperaba por delante una dura semana de trabajo, como así fue. Ahora a esperar, pero esta vez es una espera con ilusión, y mucha.

Así sí, Javier.

Author: Javier Herce