Por qué tener una página en Facebook se ha vuelto algo inútil

Facebook nació en la época en la que Myspace lo movía todo y al principio todos desconfiamos un poco, pero enseguida nos dimos cuenta de que había llegado para quedarse y convertirse en la reina de las redes sociales, como así fue. Allí podías compartir pensamientos, fotos, videos… de una forma muy sencilla y atractiva, tener a tus amigos para que solo ellos vieran lo que considerabas algo privado y (ahí vino lo que más me atrajo), si eras artista podías tener aparte una página de seguidores donde aquellos que querían, podían recibir todas las novedades de tu trabajo. Como un sueño hecho realidad. Y no solo eso. Cada seguidor que le daba a “me gusta” o comentaba una de tus publicaciones, sin hacer más, compartía tu publicación con sus amigos con el típico: “Fulano” le ha dado “me gusta” a la publicación “X”. Eso multiplicaba el alcance de lo que compartías en tu página.

Por supuesto yo me hice una y poco a poco empecé a tener seguidores hasta llegar, a día de hoy, a los mil setecientos, que puede no parecer mucho, pero para mí lo es, porque cada seguidor, cada persona que apoya tu trabajo, es importante, y tener a casi dos mil personas a las que le interesas es algo muy grande. El caso es que al principio todo funcionaba muy bien y era hasta divertido, pero en Facebook vieron ahí un potencial increíble para ganar dinero. Empezó a salir la posibilidad de promocionar tus publicaciones. En un principio parecía que esa opción era solo para llegar a más gente de la que te seguía, lo cual me parecía y me parece bien, pero en poco tiempo me di cuenta de que iba mucho más allá. Se empezó a oír hablar del alcance orgánico y del pagado de las páginas de Facebook. ¿Qué era eso? Fácil. El alcance orgánico eran las personas a las que llegabas gratuitamente, es decir, como en un principio, tus seguidores y la gente con la que compartían tus publicaciones. El alcance pagado… no hace falta definirlo. Se define solo.

Empecé a ver que el alcance orgánico de mi página iba bajando. Si promocionaba algo, llegaba fácilmente a tres o cuatro mil personas. Si no lo hacía, a duras penas llegaba a trescientas o quinientas a fecha de primavera de dos mil diecisiete. Me parecía muy raro que llegara a tan poca gente. Es verdad que de esos mil setecientos seguidores ni mucho menos todos usan Facebook a diario. Pero contando con que lo haga cierto porcentaje y la gente con la que lo comparten… sí que es poco poner algo y que el alcance orgánico sea tan bajo. Investigué y resulta que Facebook había bajado drásticamente ese alcance para promover las promociones, es decir, para que pagases. Tanto es así que a finales de dos mil diecisiete el alcance orgánico había bajado a un miserable siete por ciento de tus seguidores y las publicaciones que ponía a duras penas llegaban a ciento cincuenta personas.

Yo no lograba entender por qué Facebook limitaba el uso de su red social a los que la mantenemos viva. Quiero decir, me parece muy bien que piensen como empresa y quieran que las páginas paguen, ya que la gran mayoría no dejan de ser también negocios que pueden publicitar sus productos gratis, pero Facebook ya es una red social que genera mucho dinero (y se genera porque millones de personas la usamos diariamente. Sin nosotros no serían nada) y precisamente la magia de la red social era (y digo era) poder compartirlo todo libremente. La opción de promocionar la veo muy buena para ampliar tu público, pero la gente que ha decidido seguirte tiene derecho a ver lo que publicas (sobre todo de los que no ganamos una cantidad “enorme” de dinero con lo que compartimos. Al contrario. Prácticamente no ganamos nada). Sé que el término medio es difícil de encontrar, pero el dinero llama al dinero y eso a Facebook le da igual.

La cosa ha llegado a tal punto que al comenzar este dos mil dieciocho han vuelto a limitar el alcance orgánico y ahora mis publicaciones no consiguen llegar ni a cincuenta personas. Con esto no es de extrañar que usemos mucho más otras redes sociales como Instagram o Twitter (hasta que empiecen a hacer lo mismo, claro, que por ejemplo Instagram ahora pertenece a Facebook y es cuestión de tiempo que empiecen allí con la misma dinámica). Lo malo de estas otras redes es que la forma de compartir no es tan atractiva, fácil ni productiva. ¿Qué hacemos ahora los artistas? Pues nada. Yo me voy a centrar en tener mi web, mi blog, como siempre, y el que quiera verlo, ahí está. Lo demás no está en mis manos.

Con todo esto queda claro que a día de hoy tener una página en Facebook se ha vuelto algo completamente inútil, algo que ya no sirve de nada, si no pagas, claro.

Por mi parte, dejaré de usar tanto esa red social, no como rebeldía, sino porque ya no me sirve de nada.

Author: Javier Herce