Recuerdos de fin de semana

A punto de acabar la semana, sigo recordando el fin de la otra, que volvió a ser agotador y lleno de recuerdos, sobre todo el sábado, que estuve en pie nada menos que veinticinco horas. Eran las cuatro y media de la mañana cuando me levantaba para ir a trabajar. Sabía que me esperaba un día largo por delante y sin tiempo para descansar, pero estaba mentalizado y, además, me apetecía.

La mañana no ayudó, porque fue agotadora. Más de lo habitual, que ya es decir. Llegaba a casa a las cuatro de la tarde, con el tiempo justo de comer, dame una ducha, arreglarme, embadurnarme de protección solar y salir hacia Cibeles, donde me esperaban para asistir a la manifestación del orgullo, que la verdad empecé de mal humor, porque me obligaron a estar al sol, en vez de buscar un sitio como el año pasado en el que hubiera sol y sombra. Después se quejaban del calor, normal… Allí estaban Ángel, Juanjo, Joel, Edgar, Rubén, Fernando, Jesús y unos amigos que conocieron en Ibiza. Yo, que soy un poco autista, iba y venía para ver de cerca la manifestación. Total, ellos estaban alrededor de dos carros de la compra llenos de alcohol bebiendo y hablando. Eso no es para mí y es lo que suele hacer que me evada un poco casi siempre y a veces parezca que voy solo.

Mucha gente, muchísima en el Wolrd Pride. Recordaba cuando fue el Euro Pride, justo diez años antes, en un fin de semana clave que me marcó un antes y un después. Otra cosa que gira en torno al diez.

Pese a la cantidad de personas, se podía estar bien y nadie molestaba a nadie. Se respiraba diversidad, alegría y ganas de celebrar que cada uno es como es. Yo, por mi parte, me sentía parte de algo, cosa que siempre me hace sentir vivo. Como buen escritor, soy un observador y disfruté mucho viendo todo aquello, en silencio, como si fuera invisible, mezclado entre un montón de gente reunida de todas partes del mundo… Bueno, no todos eran desconocidos. Cuando ya llevaba más de dos horas allí, alguien tocó mi espalda. Era NaT, que había ido allí con su amigo Julio y que resultaba que había estado todo el tiempo a tres metros de mí y no nos habíamos dado cuenta. Estuvimos charlando un rato mientras yo iba y venía para que estos vieran que seguía allí.

A las nueve y media empezaba a pasar la primera carroza. Todo iba demasiado lento y era el momento de irse. Estos empezaban a estar seriamente perjudicados por el alcohol y esas situaciones aún no las he superado, por lo que tenía que irme antes de que me afectara de verdad. Además, le había prometido al wiccano (que no había querido ir) que cenaríamos juntos para irnos después a Medias Puri.

A las doce entrábamos en la discoteca clandestina, en un mundo paralelo, mi mundo. Los dos estábamos muy cansados, pero lo pasamos tan bien, que no nos fuimos hasta que no acabaron los números, más tarde de las cuatro de la mañana. A las seis, cuando me acostaba, no podía creerme que hubiera aguantado todo ese día. Pasan los años y cada vez tengo más energía. Aquel día necesitaba aprovecharlo, para tener recuerdos, para saber que puedo seguir viviendo momentos especiales, para no tener añoranza de cosas que no han ocurrido…

Después de un día intenso, el domingo fue mucho más tranquilo. Comer por ahí, un poco de paseo, mucha siesta y prepararse para la nueva semana, para la vida real, la triste realidad.

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