Reflexiones de un escritor.

Estos días, entre haber registrado la nueva novela, llegar a las veinte mil palabras de la que estoy escribiendo ahora (el lunes estaba en doce mil, lo que convierte a esta en la semana que más he escrito en los últimos tres años, que es lo que más o menos ha durado mi bajón literario, por motivos personales que ya he escrito otra veces), escribir mails a varias editoriales (de las cuales, para variar, no ha contestado ninguna) y la impaciencia que tengo por que se publiquen de una vez las dos que tengo pendientes (no tengo noticias de ninguna de las dos editoriales y sí, he preguntado), ha hecho que me de cuenta de una cosa importante: el Javier escritor ha vuelto. Vuelvo a estar apasionado por las letras como lo estuve hace años y siento el cosquilleo y la ilusión de las primeras novelas. Es es bueno, muy bueno, aunque solo en parte. Todo ha cambiado mucho y ahora sé muchas más cosas que antes, como que las desilusiones son mucho más numerosas que las ilusiones, que el esfuerzo invertido no es devuelto ni en una pequeña parte y que, pese a llevar años en esto y tener el currículum que tengo, cada vez es como empezar de cero, y eso agota mucho.

El año pasado me puse en contacto con diez editoriales mandándoles un manuscrito que llevo un tiempo moviendo. Cuatro dijeron que lo habían recibido y dos directamente no estaban interesadas. Eso deja a otras cuatro que no respondieron en ningún momento. De esas cuatro que dijeron que lo habían recibido, solo una contestó para decir que no le encajaba. Y así siempre.

Eso no es todo. En dos mil dieciocho lo hice con dieciséis editoriales. Solo seis hicieron acuso de recibo y de esas solo una respondió para rechazarlo. Podría continuar…

Esta semana me he puesto en contacto con ocho editoriales. De momento han pasado cuatro días y ninguna ha contestado. No les he mandado a ninguna el manuscrito nuevo, sino que he enviado cartas de presentación y propuestas. Es verdad que es pronto para pensar que ninguna contestará, pero empieza a oler a lo de siempre. Vale, que el estado de alarma, la pandemia… Las librerías llevan semanas abriendo y las editoriales ya vuelven a estar en marcha (aunque eso sí, no al mismo ritmo y con todo el tiempo que han estado paradas por recuperar, lo que hace comprensible que tarden en contestar).

Mientras tanto sigue pasando el tiempo y, si siguen sin salir novelas nuevas al mercado, se me van acumulando los manuscritos inéditos. Ahora mismo tengo cuatro. Dos que son los que están pendientes de salir, otro que llevo cinco años moviendo y el que acabo de registrar, una novela romántica lgtb, que supone mi vuelta al género que me hizo conocido en un sector literario desde que gané el Premio Odisea, en dos mil siete, con “Desde aquí hasta tu ventana”, y que duró hasta dos mil trece, con cuatro novelas lgtb que me publicaron los de Odisea (hasta que cerraron).

Me dije que no volvería a la temática gay. Es un género muy complicado, porque pocas editoriales quieren publicarlo, o al menos por aquel entonces. Ahora ya hay más editoriales abiertas al género, sobre todo juveniles. El caso es que no digas nunca. Igual que estoy con apuntes para una nueva novela de terror (juré no volver a escribir terror), he escrito otra novela romántica gay, y eso me ha traído un montón de recuerdos de mi época de Odisea.

Fueron unos años geniales. Duraron desde dos mil siete hasta dos mil trece y, aunque no fue oro todo lo que relucía, tengo que reconocer que fue mi mejor época literaria, pese a que todo se movía en un círculo muy cerrado (repito que la cosa ha cambiado mucho y ahora es todo más abierto), y ese fue uno de los motivos que hicieron que me alejara de él.

A Odisea pertenecen mis libros más vendidos y tengo grandes recuerdos. También es verdad que vivir por entonces pegado a Chueca, a la editorial y a su librería, hacía que todo fuera una especie de comunidad. Éramos varios escritores que estábamos en contacto, que compartíamos experiencias y éxitos… De la mayoría de ellos ya no sé nada o poco… Una pena. También es verdad que había alguno que intentaba subirse al carro y ser escritor a toda costa, pero eso ocurre en todas partes. Sí, tengo añoranza de aquellos años y reconozco que me gustaría que volvieran. ¿Fue un error alejarme de la literatura lgtb? Se cometen tantos errores a lo largo de la vida, que es mejor aprender de ellos que pararse a preguntarse si te equivocaste o no.

¿He perdido el tiempo? Es posible. Lo importante es que todo me ha servido para aprender y que ahora mismo estoy dando a luz mis mejores trabajos literarios, con diferencia. Por aquel entonces las ansias hacían que escribiera muy rápido, historias no demasiado desarrolladas, y eso afectaba a la calidad, pese a haber tenido siempre muy buenas críticas. Quiero decir que sabía que podía hacerlo mejor y es lo que me estoy demostrando ahora mismo. Lo que falta es que lo vean los demás y me quieran seguir publicando…

Author: Javier Herce