Saliendo a correr

Aunque se podía hacer desde ayer, preferí primero dar un paseo al atardecer y dejar la carrera para hoy. Un par de días antes de que se decretara el estado de alarma, fue la última vez que fui al gimnasio a correr. Estaba acostumbrado a hacerlo entre tres y cinco días a la semana y, después de más de mes y medio, mi cuerpo me lo estaba pidiendo a gritos. Hoy me he desquitado.

Esta mañana, a las nueve, he bajado a correr a la calle. Siempre lo hacía en el gimnasio, así que hacerlo al aire libre ha sido una experiencia nueva, sobre todo con tanta gente haciendo lo mismo, sintiendo de nuevo la vida después del apocalipsis. Por supuesto, he huido del sol y he corrido tan a gusto, que después me había cambiado el ánimo.

Salir a correr no solo ha significado darle a mi cuerpo lo que me estaba pidiendo, sino un símbolo, una muestra de que vamos a salir de esta situación surrealista en la que nos metimos hace casi dos meses y que, con toda probabilidad, cambiará de alguna forma el resto de la historia.

Nos enfrentamos a algo que va a ser muy parecido a una posguerra y espero que pronto podamos salir de ella. De momento nos tenemos que ilusionar volviendo a la vida que un virus nos había arrebatado, a mucho para siempre.

Author: Javier Herce