Se acaba la Navidad

Hoy se acaba oficialmente la Navidad en los países en los que se celebra el día de los Reyes Magos. En los demás acaba el uno de enero. Aquí en España hay una gran devoción por los Reyes Magos, y lo entiendo, aunque para mí el sentido de la Navidad no es la llegada de estos reyes, sino el día de Navidad en sí, por eso mi favorito es Papá Noel.

Aunque todo esto en realidad se formó para que disfrutaran los niños, los mayores también aprovechamos para vivir la ilusión de recibir regalos, sea cual sea el motivo. Por mi parte todo esto me hace recordar mi infancia navideña, siempre llena de gente y que ahora se ha vuelto silenciosa y solitaria.

De esa infancia recuerdo no dos, sino tres formas de recibir regalos. Dos en Navidad y otra el seis de enero. La más popular de la nochebuena, por supuesto, es Papá Noel, Santa Claus o como se quiera llamarlo. Ha tenido muchos nombres y formas a lo largo de la tradición que comenzó a finales del siglo II en el este de Europa, por lo que el origen de esta tradición, con San Nicolás, no es americana, como muchos dicen para rechazar la tradición de Papá Noel.

De mi infancia navarra guardo muchas referencias vascas, como el recuerdo del Olentzero, en la misma noche antes de Navidad. Ese hombre con boina manchado de carbón que repartía regalos a los niños. Este no es muy conocido saliendo de aquellas tierras, pero lo recuerdo llegar al pueblo y causar mucha expectación, aunque en mi familia, de costumbres riojanas, no se celebraba.

Después están los Reyes Magos, la gran fiesta española, no sé si porque este día coincide con el cumpleaños del que fue hasta hace poco el Rey Juan Carlos I. Guardo muchos recuerdos de infancia con los Reyes Magos. Mi abuelo era fotógrafo del periódico riojano más importante y nos llevaba con él a cubrir la llegada de los Reyes en helicóptero a Logroño (en aquella época vivíamos en Navarra, pero pasábamos mucho tiempo en mi Logroño natal hasta que volvimos a vivir allí) y después iban a su comercio fotográfico (así de importante era mi abuelo) y nos daban regalos.

A pesar de que con solo cuatro o cinco años descubrí quiénes eran realmente estos personajes que hacen regalos, lo vivía con la misma ilusión que los demás. Ahora soy mayor y la ilusión con la que lo vivo es por el recuerdo de un niño expectante con la vida que le esperaba por delante y que no sabía que los sueños se rompen y que todo, al crecer, es muy diferente a como se lo había imaginado.

Hoy la Navidad acaba y nos podemos ir preparando a vivir otro año lleno de sorpresas y altibajos.

Author: Javier Herce