Y llegó septiembre…

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Por fin llegó septiembre y, aunque el calor no se termina de marchar, al menos es el principio del fin del verano y que llegue el que para mí es el mejor mes del año significa que empiezan de nuevo a suceder cosas después de que durante julio y agosto todo el mundo se pare y solo piense en playa y vacaciones. Yo entiendo que en verano no se publiquen novedades, no salgan libros nuevos, las editoriales no lean manuscritos ni trabajen, no haya música nueva, la gente no haga caso del tema cultural… De verdad que lo entiendo, pero eso no significa que no se me haga eterno.

Todos los años me pasa lo mismo. La espera a que llegue septiembre para que todo se empiece a mover de nuevo. Además, este septiembre va a ver la salida de mi segundo single oficial, la versión definitiva de Invítame a Volar. En unos días rodaré el videoclip y empezará la cuenta atrás para su lanzamiento. Después de la buena experiencia con Existe un Lugar, me parece que Invítame a Volar es un paso adelante vocalmente hablando. Para mí es una buena forma de seguir avanzando y, ver el buen resultado del trabajo en el estudio de grabación, me ha dado seguridad y energía. Me siento con más fuerza para seguir haciendo música. Con el primer tema que he producido yo mismo, y que aún no me han entregado, he descubierto un mundo de posibilidades en el que puedo ser realmente creativo. No tenía ni idea de que fuera capaz de hacerlo, pero ahí estoy. Soy riojano, soy cabezota.

La literatura es otra de las cosas en las que me centraré con la llegada del otoño. Sigo esperando la salida de la segunda edición de “Piensa en mañana” y en teoría la nueva novela saldrá sobre noviembre. Para mí lo más importante que deja el verano es que vuelvo a estar centrado en la escritura, en el proceso creativo, que había perdido en el último año y medio y que voluntariamente he dejado descansar hasta que he visto el momento de volver a ilusionarme con la escritura. A veces pienso que me esfuerzo demasiado para nada, que los años pasan y los logros son tan mínimos, que no se notan. Después de la noticia de la venta entera de la primera edición de “Piensa en mañana”, recibir las ventas de “La casa Ferrer” me ha recordado que aún queda mucho, muchísimo por hacer, que después de un paso adelante, viene otro paso atrás y que el avión no termina de despegar. Esto a veces es psicológicamente agotador, pero yo tengo que centrarme en la parte que es mi trabajo: escribir. El resto de cosas no están en mi mano.

Sigo llamando a puertas que no se abren y el currículum ya no te avala en el siglo XXI, donde prima ser top en las redes sociales. Los calvos no triunfamos en Instagram y si lo mezclas con lo gótico, estás acabado. Sé que no soy especialmente interesante en las redes, es algo que he asumido por tener un físico “peculiar”, pero tampoco voy a dejar de ser yo mismo para conseguir seguidores. Ese no es mi estilo. Eso sí, no me puedo quejar de los que tengo, al contrario. Tengo unos seguidores muy fieles y unos lectores a los que les debo mucho. Eso es lo que me tiene que importar.

También quiero volver a hacer fotografía. Este año casi no he tocado la cámara y eso es algo que va a acabar en este último tramo del dos mil dieciocho.

Lo importante es que septiembre ya está aquí y que la maquinaria se empieza a mover de nuevo. Puede que nadie te escuche, Javier, pero nunca dejes de gritar.