לֹא עָלֶיךָ הַמְּלָאכָה לִגְמֹר, וְלֹא אַתָּה בֶן חוֹרִין לִבָּטֵל מִמֶּנָּה

Algunas noches, el alma se siente como un templo en ruinas.

Polvo donde debería haber fuego. Silencio donde debería haber canción. Y por todas partes, el peso de lo que aún no ha sanado, no ha reparado, no ha redimido.

Miro la obra que tengo ante mí y parece interminable. Un camino que se desvanece en la oscuridad. Una tarea demasiado vasta para estas manos mortales. Hay momentos en que la desesperación susurra su más antigua seducción: déjala inconclusa. Déjala morir. Déjate hundir con ella.

Pero la verdad dice otra cosa.

No es tu deber terminar la obra, pero tampoco tienes la libertad de descuidarla.

Así que esto es lo que queda cuando el orgullo se ha consumido: no el triunfo, sino la devoción. No la fantasía de terminarlo todo, sino el sagrado deber de continuar.

Incluso en la oscuridad.
Incluso en el cansancio.
Incluso cuando nadie ve.
Incluso cuando el corazón es poco más que una linterna magullada que tiembla contra el viento.

Quizás nunca estuve destinado a soportar toda la noche. Quizás solo estaba destinado a custodiar una llama en su interior.

Levantar lo que puedo.
Reparar lo que toco.
Rechazar la corrupción.
Elegir lo limpio, lo verdadero, lo justo, incluso con sangre en la boca y sombras a mis espaldas.

Hay algo sagrado en no rendirse.

Algo sagrado en resurgir con cenizas en la piel.
En orar con los labios agrietados.
En construir, aunque sea lentamente, con manos cansadas.
En presentarme ante el Eterno sin coronas, sin victorias, sin excusas, y aún decir: No me aparté.

Que otros sueñen con la culminación.
Que otros adoren el éxito visible.

Seré fiel al fragmento.
A la piedra que me fue dada.
A la herida que me dijeron que transformara.
A la estrecha porción de noche que me fue confiada.

La obra puede sobrevivirme.
El amanecer puede llegar mucho después de mi partida.

Aun así, no abandonaré la obra. Aun así, no haré las paces con la ruina. Aun así, mantendré mi pequeña llama viva en la oscuridad.

Author: Javier Herce