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Nueva edición de La distracción perfecta

Mi novela «La distracción perfecta», publicada por Harlequin, acaba de salir en una nueva edición, tanto física como digital, acompañada de «Rompiendo los esquemas», de Miguel Muñoz. Una novela doble con historias románticas LGTB en edición bolsillo perfecta para el verano.
Disponible en Casa del Libro, FNAC, Amazon y demás librerías.
Domingo, 9 de agosto de 2026:

Siempre he sido una persona que se hace muchas preguntas. Preguntas sobre los demás y, sobre todo, sobre mí mismo. Yo soy el primero que necesita comprenderse, para entender así también cómo desenvolverme en el mundo y cómo poder seguir creciendo, aprendiendo y tomar nota de mis errores. También he sido siempre autocrítico y muy perfeccionista, cosa que ha hecho que siempre intente dar lo mejor.
Estos días me estoy preguntando por qué sigo escribiendo este blog, que nació hace nada menos que veintitrés años. La gente ya no lee blogs o, al menos, no como antes. ¿Por qué lo hago entonces? ¿Por mí mismo, por añoranza, por costumbre? No lo sé. Puede que por una mezcla de esas tres cosas.
El caso es que de momento no me apetece dejar de hacerlo y, no solo eso, sino que me gustaría recuperar el espíritu de los primeros años, donde mi pensamiento era más transgresor y más visceral. Ahora se ha limitado a “He estado en el estudio”, “Estoy escribiendo esta novela”, “Soy autista y superdotado”… Creo que eso, si no hay personas que me sigan por quién soy, no interesa.
Chuck Palahniuk, Dennis Cooper, Bret Easton Ellis y Douglas Coupland eran mis escritores de cabecera en esos años, mis referentes, y su forma de pensar me tenía atrapado. Ese es el espíritu que quiero recuperar. Siguen siendo referentes en mi vida y ahora toca recordar esa pasión del principio y recuperarme a mí mismo, al Javier artista.
¿Podré?
Sí.
Miércoles, 29 de julio de 2026:

La ansiedad y la depresión son problemas asociados con el autismo y además se pueden agravar con años de acumulación asociados al enmascaramiento mantenido, discriminación por ser diferente, bullying, necesidad de cumplir expectativas, dificultades con la socialización… Incluso pueden volverse crónicas, como es mi caso.
Vivo con la ansiedad y la depresión desde la adolescencia y en mi diagnóstico me comunicaron que son crónicas. No ha ayudado nada no saber que era autista, por lo que ahora tengo herramientas para poder rebajar ese nivel después de haber aprendido a vivir con ello, pensando que el origen eran traumas, que sí, lo son, pero no relacionados de mi infancia o adolescencia, sino con mi experiencia con el autismo.
Llevo un tiempo yendo a terapia todas las semanas. Eso me está ayudando, no solo a hablar de cosas que nunca he contado a nadie, sino a comprenderme mucho mejor para poder vivir más tranquilo. La psicóloga tiene que flipar con la vida que le estoy contando, pero ha sido la que he vivido y la que me ha traído hasta aquí.
Escribir sobre esa vida que he vivido también me está ayudando a analizarme, a reinterpretar mi historia y a quererme un poco más, a tratarme con el cariño que no he tenido y a seguir caminando.
También necesito entender la inteligencia. Ser superdotado me tiene que servir para algo más que para sobrevivir en un mundo que no está hecho para mí. En eso ando ahora.
Solo diré una cosa, y es que LO VOY A CONSEGUIR.
Mi gran obra

Llevo dos meses escribiendo la que va a ser mi mayor obra y la mejor y más grande historia que jamás podré escribir: la mía.
Ya llevo la mitad escrito y es un ensayo autobiográfico sobre una vida vivida siendo autista y superdotado sin saberlo. Sobre las torpezas que eso ha supuesto, la ansiedad, la soledad, el rechazo, el abuso… El diagnóstico tardío ha reescrito mi historia. Ahora muchas cosas tienen sentido y también sé que podría haberme ahorrado mucho sufrimiento si lo hubiera sabido antes.
Lo que estoy escribiendo es mi experiencia y a la vez una búsqueda del porqué de tantas cosas. Siempre me he sentido un incomprendido y ahora, después de empezar a comprenderme a mí mismo, estoy preparado para que me comprendan los demás.
Estoy aprendiendo a abrazar mi autismo. Tiene dificultades, sí: la hipersensibilidad, la ansiedad social, mis torpezas para relacionarme, la rigidez… Todo eso está, pero también hay aspectos de mi manera de percibir el mundo que me parecen hermosos.
Es con eso con lo que quiero quedarme. Para lo demás, ahora tengo herramientas que antes no tenía.
También estoy investigando qué significa realmente ser superdotado. Sé lo que es, sí, pero necesito descubrir para qué me sirve a mí. Durante años me ayudó a compensar algunas de mis dificultades, a enmascarar mejor y a encontrar estrategias para desenvolverme en un mundo en el que muchas veces me he sentido fuera de lugar.
También estoy investigando y descubriendo cómo funciona mi propia mente. Por ejemplo, mi pensamiento es visual. En mi cabeza hay pocas palabras. Aparecen imágenes en tres dimensiones, escenas en movimiento, perspectivas que puedo cambiar y objetos que puedo manipular mentalmente. Ahora empiezo a comprender cuánto ha tenido que ver esa forma de pensar con mi creatividad, mi música, mi escritura y con mi manera de entender el mundo.
Quiero aprender a sacarle partido a mi doble excepcionalidad. No quiero limitarme a saber qué soy. Quiero descubrir qué puedo hacer con ello.
Siempre he sentido que tenía que encontrar mi propio camino, y puede que por fin lo haya encontrado.
Sábado, 25 de julio de 2026:

Nuevo día en el estudio de grabación. Ocurrió el pasado jueves y hacía nada menos que dos meses que no iba allí, justo el mismo día en que me dieron mi diagnóstico de doble excepcionalidad (autismo y superdotación). Por circunstancias del productor y su vida personal no pude ir antes y la verdad es que tenía muchas ganas de seguir grabando canciones para mi siguiente álbum.
En este caso se ha tratado de una canción que habla de la nostalgia que me da pensar en los tiempos en que salía a bailar. En un principio iba a ser una canción dance, pero ha acabado siendo un tema pop que va a quedar muy pegadizo y en el que investigo una colocación de voz más suave y que le va a quedar muy bien.
También le enseñe al productor una canción nueva que va a ser un experimento. Algo folk cantado casi en lírico, espiritual. A ver qué sale, pero tengo muchas ganas de probar cosas nuevas, hacer canciones que más que cantarlas, cuento historias. En esta digo que estaba equivocado al pensar que jamás encontraría el amor.
Este próximo álbum lo grabaré sin prisas, sin las ansias de antes y con mi nueva filosofía: hacer las cosas para mí mismo sin buscar siempre la aprobación de los demás, cosa que llevaba haciendo toda la vida para encajar y ser aceptado. Ya no. Ahora toca pensar en mí.
Arrodillarse ante el silencio

Hay momentos en los que el mundo deja de pedir respuestas.
La niebla borra el horizonte. El camino desaparece. Los nombres, las obligaciones y el ruido quedan lejos. Solo permanecen la tierra húmeda, la oscuridad de la ropa, el frío sobre la piel y una respiración que poco a poco recupera su verdadero ritmo.
Arrodillarse no siempre significa obedecer.
A veces significa detenerse.
Renunciar durante unos minutos a la necesidad de controlar lo que ocurre, comprenderlo todo o decidir inmediatamente cuál debe ser el siguiente paso. Reconocer que también existe una forma de fortaleza en bajar la cabeza y escuchar.
Vivimos rodeados de voces que nos dicen quiénes debemos ser, qué debemos desear y a qué velocidad tenemos que avanzar. Nos enseñan a interpretar papeles, a ocultar lo diferente y a presentar una versión aceptable de nosotros mismos. Pero el silencio no exige ninguna máscara.
En el silencio puedo presentarme tal como soy.
Con mis certezas y mis dudas.
Con mi luz y con mi oscuridad.
Con lo que he superado y con aquello que todavía duele.
Con mi forma de amar, de sentir y de buscar.
La figura arrodillada en medio de la niebla no espera una respuesta espectacular. No necesita que el cielo se abra ni que una voz revele el sentido de la existencia. Quizá solo necesita permanecer allí el tiempo suficiente para recordar algo que el ruido había ocultado: que sigue vivo, que sigue buscando y que todavía puede elegir cómo recorrer el camino.
La niebla no es únicamente confusión. También puede ser protección.
Cuando no vemos demasiado lejos, dejamos de vivir obsesionados con el destino y prestamos atención al siguiente paso. El futuro deja de ser una inmensidad amenazante. Solo existe el suelo que tenemos delante, el aire que entra en los pulmones y la posibilidad de continuar.
La oscuridad tampoco es siempre ausencia de luz.
Hay verdades que únicamente aparecen cuando los focos se apagan. Hay partes de nosotros que necesitan la noche para dejar de esconderse. La espiritualidad no debería expulsar esas zonas oscuras, sino enseñarnos a habitarlas sin miedo.
Por eso me atraen los monasterios, los cementerios, las ruinas, las campanas lejanas y los caminos cubiertos de niebla. No porque desee vivir en la tristeza, sino porque esos lugares recuerdan algo que el mundo moderno intenta olvidar: todo es frágil, todo cambia y nuestro tiempo es limitado.
Esa conciencia no tiene por qué conducir a la desesperación.
Puede conducir a la verdad.
A vivir sin traicionarnos.
A decir lo que importa.
A amar sin vergüenza.
A dejar de aplazar la vida.
A entrar en nosotros mismos sin miedo a lo que podamos encontrar.
Hoy no necesito comprenderlo todo.
Hoy me basta con detenerme, respirar y escuchar.
En algún lugar detrás de la niebla continúa el camino. Pero antes de seguir avanzando, permanezco unos minutos en silencio.
No para huir del mundo.
Para regresar a él siendo un poco más yo.
Hoy

Durante años intenté convertirme en alguien que encajara.
Sonreír cuando tocaba. Actuar como se esperaba. Esforzarme por parecer “normal”.
Con el tiempo entendí que el problema no era ser diferente. El problema era pasar la vida intentando ocultarlo.
Descubrir que soy autista no cambió quién soy. Cambió la forma en la que entiendo toda mi historia.
Ahora ya no quiero parecerme a nadie.
Quiero ser cada día un poco más yo.
Quizá todos, autistas o no, llegamos a un momento en el que dejamos de vivir para cumplir expectativas y empezamos a vivir para ser auténticos.
Y, curiosamente, es ahí donde uno empieza a sentirse libre.
Espiritualidad
Durante mucho tiempo pensé que la espiritualidad tenía que llegar acompañada de normas, respuestas cerradas y una forma concreta de entender la vida. Ahora empiezo a verla de otra manera.
Para mí, lo espiritual no nace del miedo ni de la obligación. Nace del silencio.
Lo encuentro cuando camino solo, cuando entro en un cementerio y todo parece detenerse, cuando escucho voces antiguas elevándose en una iglesia vacía, cuando una melodía me atraviesa sin que sepa explicar por qué. Lo encuentro en la penumbra, en el sonido de las campanas, en el aire frío, en las piedras gastadas y en esa sensación de que la vida es mucho más profunda de lo que vemos cada día.
No necesito comprenderlo todo.
Me basta con detenerme.
Sentarme en silencio. Respirar. Dejar de luchar contra mis pensamientos. No pedir nada. No intentar demostrar nada. Permanecer unos minutos ante aquello que no puedo nombrar, pero que a veces siento cerca.
Mi espiritualidad no quiere separarme de quien soy. No quiero recorrer un camino que me obligue a esconder mi cuerpo, mi sexualidad, mis contradicciones ni mi forma de amar. No creo que acercarse a lo sagrado deba significar alejarse de uno mismo.
Al contrario.
Creo que un verdadero camino interior debería ayudarnos a vivir con más honestidad, más libertad y más compasión. Debería enseñarnos a mirar nuestras heridas sin avergonzarnos, a aceptar nuestras zonas oscuras y a comprender que también allí puede existir belleza.
Siempre me han atraído los lugares que hablan del paso del tiempo. Los cementerios, las ruinas, los monasterios, las estatuas erosionadas, los árboles desnudos. No los percibo únicamente como espacios tristes. Hay en ellos una quietud que el mundo moderno casi ha perdido.
Nos recuerdan que todo cambia.
Que todo termina.
Y que precisamente por eso debemos vivir de verdad.
La espiritualidad que busco no promete una vida sin dolor. Tampoco me ofrece soluciones fáciles. Lo que me ofrece es una manera distinta de atravesar la oscuridad: con presencia, con profundidad y con la certeza de que no todo lo que importa puede explicarse.
Quiero aprender a rezar sin repetir palabras vacías.
A meditar sin exigirme dejar la mente en blanco.
A escuchar música como quien abre una puerta.
A caminar como si cada paso pudiera devolverme al presente.
A reconocer lo sagrado en el amor, en el deseo, en la belleza, en la soledad elegida y en los pequeños instantes de paz.
Este nuevo camino no consiste en convertirme en otra persona.
Consiste en regresar a mí.
En dejar atrás el ruido, las culpas heredadas y las ideas que nunca fueron realmente mías. En descubrir una espiritualidad que no me castigue por existir, que no me pida máscaras y que no convierta el miedo en virtud.
Una espiritualidad oscura, sí, pero no desesperada.
Una espiritualidad de velas, música, silencio y cementerios.
Una espiritualidad abierta, libre y profundamente humana.
Un lugar interior en el que pueda entrar tal como soy.
Jueves, 9 de julio de 2026:
Puede que haya llegado el momento de sacar las cruces de donde las había guardado.






