Domingo, 4 de octubre de 2026:

Después de dos días libres, antes de meterme con un inventario, tengo la sensación de haber desconectado dos semanas, aunque en realidad no he estado tan desconectado (el móvil, qué gran invento y, a la vez, qué aparato más controlador).

El viernes por la mañana di un curso online por videollamada para ser voluntario con gente autista impartido por la Federación Autismo Madrid. Desde que sé que soy autista me interesa ser útil y ayudar, así que creo que esta sería una buena forma, pese a que no estaría al cien por cien, ya que habría ciertas actividades que no podría hacer, como las que requieran de mucha gente, mucho aire libre con sol… Aun así, creo que podría servir de ayuda.

Por la tarde nos fuimos al Palacio de Vistalegre porque teníamos una cita con un concierto que llevábamos muchos años queriendo ver: Evanescence.

Sé que hay muchos cerrados de mente, los que antes se llamaban carrozas, o los que creen que saben mucho y que no saben nada, que creen que el grupo se quedó en la época emo y que aún en esa época eran de lo peor, cosa que jamás he entendido. Es más, el otro día le comenté a una compañera de trabajo que también le gusta la música siniestra, aunque yo creo que va más hacia el heavy, no lo sé, porque gótica no es, seguro, que iba a verlos y me contestó: “¿Pero siguen haciendo música?”.

En realidad no han dejado de hacer música y son una de las mejores bandas de lo que se llamaba metal sinfónico o rock gótico que hay. A veces me sorprende lo cerrada que puede ser la gente. Evanescence nunca ha sido una banda para emos. Eso no significa que no les gustara a los emos. Tampoco es una banda que se quedó en la adolescencia de unos cuantos.

Evanescence sigue siendo una banda clave dentro del metal y la música gótica. La gente que vive anclada en el pasado debería hacer una pequeña revisión. No solo eso, sino que ofrecieron uno de los mejores directos que he visto nunca. La voz de Amy Lee… Esa voz…

Se centraron en su nuevo álbum, Sanctuary (para mí, el mejor que han sacado en veinte años), del que cantaron once de sus doce canciones, pero tuvieron espacio para varios de sus grandes éxitos, como Bring Me to Life, Going Under, Lithium o Wasted On You. Me resultó curioso que no incluyeran ninguna canción de su tercer álbum. El concierto fue enérgico, muy visual y la voz de Amy Lee fue perfecta. Mejor que nunca.

El momento cumbre para mí fue al llegar la penúltima canción, My Immortal, que es mi preferida del grupo y ha sido clave en mi vida. Fue sentarse Amy Lee al piano, comenzar con los primeros acordes y mis lágrimas empezaron a caer, sin parar durante toda la canción. My Immortal me ha acompañado durante muchos años y escucharla en directo removió muchas cosas dentro de mí. Fue muy emotivo. Disfruté muchísimo.

Tuvieron como teloneros a unas tales Nova Twins y a Poppy, a la que ya había escuchado y que dio un buen directo.

El día dio para mucho. Un gran concierto para recordar. Sabía que me iba a gustar, pero no me imaginaba que el espectáculo iba a ser tan grande. Un diez.

Ayer sábado me dediqué a descansar y, para variar, solo salí de casa para hacer la compra. Estuve con la corrección de mi autobiografía basada en mi autismo (ya me queda poco) y acabando algún trabajo visual. Poco más. Necesitaba descansar y eso fue lo que hice.

Hay veces en que necesitas no hacer nada y, aunque a mí me cuesta, suelo agradecerlo. Por cierto, me quedan veinte días para mis próximas vacaciones.

Author: Javier Herce