
En ese camino espiritual que comencé hace unos meses y que va cambiando día a día (más bien evolucionando), estoy aprendiendo y conociendo cosas apasionantes y lugares a los que pertenecer. Lo que comenzó como unas cuántas preguntas que me hice a mí mismo, como por ejemplo si sirve de algo tanto esfuerzo, adónde voy, cuál es mi destino y, sobre todo, una infinidad de porqués, está desembocando en el camino correcto y una re-conexión conmigo mismo a través de algo que siempre ha estado ahí, pero que ahora cobra más fuera y sentido que nunca.
Para eso lo primero que tengo que hacer es ser honesto conmigo y despojarme de todo aquello que me impide caminar y crecer con coherencia.
No es la primera vez en mi vida que me quito capas para descubrir a mi verdadero yo y siempre puedes desprenderte de más hasta conectar con tu propia verdad.
Este pasado domingo hice algo coherente. Me quité las cruces que colgaban de mis orejas desde hacía dos años. Ese fue el primer paso. El siguiente era pensar y seguir con las preguntas.
La respuesta la encontré ayer, guardando esas cruces y los demás pendientes de cruces, añadiendo mis colgantes de crucifijos, que durante tantos años me han acompañado y han sido una marca de identidad. Ahí están las fotos y los videoclips. Incluso tengo rodado uno que aún no ha salido en el que llevo cruces. Ahora tengo que preguntarme si ese videoclip saldrá o rodaré uno nuevo.
Para mí las cruces siempre han sido objetos que simbolizan mi parte gótica y mi pasión por los cementerios. Significan mundo gótico. Para el resto de personas son símbolos religiosos, pero en mi mundo hace muchos años que dejaron de serlo.
Dentro de esa coherencia he tenido que tomar una decisión. Los símbolos que llevamos nos representan y a mí las cruces ya no me representan. Por eso las he guardado. La vida está llena de etapas y esta de momento la cierro. El tiempo me dirá si las vuelvo a sacar, pero me temo que no va a ser así.
Cada vez voy siendo más yo y cada vez voy obteniendo más respuestas. Ahora lo que debo hacer es seguir caminando y seguir buscando el significado a lo que llevo dentro, tanto en mi cabeza, como en mi corazón.
Estoy viviendo días intensos por esos motivos y descubriendo cosas que siempre han estado en mí, pero a las que no ponía nombre. A veces ponerle nombre a las cosas te hace vivir más tranquilo y en esta etapa de mi vida necesito la paz interna más que nunca, así que he decidido buscar el nombre a las cosas para así también ponerme a mi un nombre. Siempre he sido Javier y siempre lo seré, pero, ¿qué significa ser Javier? Esa es la respuesta que busco y la voy a encontrar.





