
Ayer empezaron mis vacaciones. Van a ser nueve días en los que me voy a dedicar a desconectar, que me hace mucha falta, y a seguir con mi proceso de asimilación con todo lo que me ha pasado últimamente con unas pruebas que me he hecho y que han desembocado en que ya sé quién soy, después de toda mi vida viviendo con torpeza. Ahora todo tiene mucho sentido y me espera un gran trabajo por delante para gestionarlo y llevar a cabo todas las herramientas que necesito para tener, por fin, la vida que me merezco y un poco de paz interior.
También quiero trabajar en varios proyectos que tengo en mente en esta nueva etapa de mi vida en la que ya no tengo prisa por nada. Todo eso queda atrás.
Lo primero es acabar de corregir mi nueva novela gótica juvenil. Ha sido divertidísimo escribirla y, para hacerse una idea de cómo me tomo ahora las cosas, la acabé hace más de un mes y aún no le he dado un último vistazo para empezar a enviarla.
Después sería escribir un libro sobre todo el proceso de descubrimiento de mi verdadero yo, que va a ser una especie de biografía sobre esta identidad que acabo de descubrir. Tengo muchas notas escritas de varios libros que ya me he leído (desde hace un mes devoro los libros de una forma que me recuerda a cuando tenía veinte años), y estoy en el proceso de hacer un esquema para empezar a escribir. La novela que tenía en mente sobre el Madrid de los ochenta queda aparcada sin fecha de retomarla. Ahora estoy es un época en la que me interesa más el ensayo que la novela.
Quiero también revisar el ensayo que escribí sobre la enfermedad que tuve y la traqueotomía (y que no tiene nada que ver con lo que ha ocurrido ahora sobre mi identidad). Creo que le puedo dar otro enfoque.
Otra cosa que me lleva rondando la mente un tiempo es hacer una colección de poemas y letras de canciones con todo lo que llevo escrito a lo largo de los años.
Vaya, tengo bastante trabajo. ¿Vacaciones?





