Dentro de esta vorágine de sentimientos, emociones, cambios y todo lo que está ocurriendo últimamente a la vez, por dentro estoy viviendo un terremoto de sensaciones que no sabría explicar y que pronto tendrá explicación. Por fin sabré quién soy, si soy lo que siempre creí, o algo tan diferente, que será un nuevo comienzo. Esta incertidumbre me come por dentro, pero tengo que seguir con el día a día.
Eso se suma a la muerte de Mina, el momento delicado que vive el wiccano y, la verdad, sigo sin saber cómo puedo con todo sin volverme loco o comenzar a caminar por el techo.
Mientras tanto hay que seguir, que la tierra no deja de girar, y menos por mí.
Esta semana he empezado a recibir las demos de lo que va a ser la nueva canción que grabaremos, la canción ballroom, y la verdad es que estoy expectante. Hemos pasado estos días comunicándonos el productor y yo para ir puliendo detalles. Yo soy minimalista con las bases y él es creativo, así que siempre intentamos llegar a un término medio. Está casi terminada y está pendiente si la grabaremos este martes o el siguiente. Yo creo que hacerlo esta semana que entra es precipitado y aún hay que pulirla un poco, pero va a quedar brutal.
El nuevo álbum espero que salga en junio y este que estamos preparando será para el año que viene y (contando con la versión en inglés de Mi Jaula, titulada My Cage) con esta canción tendríamos ya tres.
Mi próximo single ya está programado para el ocho de mayo, se va a titular Lonely Night y en un principio iba a ser una balada soul muy de los ochenta, pero al final esa versión remix synth pop que grabamos hace poco será la versión principal, porque ha quedado muy en la línea de por donde quiero ir ahora y enlaza perfectamente con Make Me Free y el que será el single principal del álbum y que también le dará nombre. Estoy deseando que salga todo, después del retraso con mi plan inicial.
En cuanto a la literatura, he retomado una idea con la que estuve trabajando a la vez que trabajaba la idea de la novela que acabo de terminar de escribir. Se trataba de una historia ambientada a principios de los años setenta sobre un chico gay que quiere ser cantante. Pensándolo mucho y revisando todo lo que tenía apuntado en mis esquemas, he pensado que quizá sea buena idea pasar la ambientación al principio de los años ochenta en plena movida madrileña y con eso también volver a una idea que tuve en su día de escribir una historia sobre un fanático de Alaska. Todo estaría enlazado. Preparar esta novela me va a llevar mínimo unos días (o semanas) y estoy deseando empezar a escribirla.





