
La ansiedad y la depresión son problemas asociados con el autismo y además se pueden agravar con años de acumulación asociados al enmascaramiento mantenido, discriminación por ser diferente, bullying, necesidad de cumplir expectativas, dificultades con la socialización… Incluso pueden volverse crónicas, como es mi caso.
Vivo con la ansiedad y la depresión desde la adolescencia y en mi diagnóstico me comunicaron que son crónicas. No ha ayudado nada no saber que era autista, por lo que ahora tengo herramientas para poder rebajar ese nivel después de haber aprendido a vivir con ello, pensando que el origen eran traumas, que sí, lo son, pero no relacionados de mi infancia o adolescencia, sino con mi experiencia con el autismo.
Llevo un tiempo yendo a terapia todas las semanas. Eso me está ayudando, no solo a hablar de cosas que nunca he contado a nadie, sino a comprenderme mucho mejor para poder vivir más tranquilo. La psicóloga tiene que flipar con la vida que le estoy contando, pero ha sido la que he vivido y la que me ha traído hasta aquí.
Escribir sobre esa vida que he vivido también me está ayudando a analizarme, a reinterpretar mi historia y a quererme un poco más, a tratarme con el cariño que no he tenido y a seguir caminando.
También necesito entender la inteligencia. Ser superdotado me tiene que servir para algo más que para sobrevivir en un mundo que no está hecho para mí. En eso ando ahora.
Solo diré una cosa, y es que LO VOY A CONSEGUIR.





