
Por fin sé quién soy. Por fin tengo respuestas a una vida llena de torpeza, tropiezos e incomprensión por parte de los demás. Siempre supe que era diferente, y ahora sé por qué.
“Javier, eres muy raro”. “No seas así, Javier”. “¿Por qué haces eso, Javier?”, “Compórtate, Javier”. “Deberías cambiar y ser como los demás, Javier”…
Frases que me han dicho toda la vida (y seguiré escuchando), y que me han hecho convertirme en una persona muy pequeña. Ahora todo tiene sentido y sé que no soy pequeño. Soy muy grande, porque tengo el arma más poderosa que puedo tener: el conocimiento.
Ha sido un proceso que ha durado todo un mes (dos desde que decidí empezar). Ha resultado ser un viaje muy difícil, duro y doloroso, pero de esos que duelen por dentro, no por fuera, y ha merecido la pena. Para que se entienda, es como si de repente hubiera amanecido.
Saber quién soy no solo me ha dado una nueva oportunidad y respuestas a muchas cosas y comportamientos, pero también me ha dado pena (por sentir que todo habría sido diferente si lo hubiera sabido antes y por muchos recuerdos que me han hecho infeliz siempre) y me ha enfadado (por todos aquellos que me han tratado mal por ser diferente). Lo pasado no tiene remedio y ahora solo tengo que mirar hacia adelante.
Bienvenido al resto de tu vida, Javier.





