Autor: Javier Herce
Sábado, 25 de julio de 2026:

Nuevo día en el estudio de grabación. Ocurrió el pasado jueves y hacía nada menos que dos meses que no iba allí, justo el mismo día en que me dieron mi diagnóstico de doble excepcionalidad (autismo y superdotación). Por circunstancias del productor y su vida personal no pude ir antes y la verdad es que tenía muchas ganas de seguir grabando canciones para mi siguiente álbum.
En este caso se ha tratado de una canción que habla de la nostalgia que me da pensar en los tiempos en que salía a bailar. En un principio iba a ser una canción dance, pero ha acabado siendo un tema pop que va a quedar muy pegadizo y en el que investigo una colocación de voz más suave y que le va a quedar muy bien.
También le enseñe al productor una canción nueva que va a ser un experimento. Algo folk cantado casi en lírico, espiritual. A ver qué sale, pero tengo muchas ganas de probar cosas nuevas, hacer canciones que más que cantarlas, cuento historias. En esta digo que estaba equivocado al pensar que jamás encontraría el amor.
Este próximo álbum lo grabaré sin prisas, sin las ansias de antes y con mi nueva filosofía: hacer las cosas para mí mismo sin buscar siempre la aprobación de los demás, cosa que llevaba haciendo toda la vida para encajar y ser aceptado. Ya no. Ahora toca pensar en mí.
Saturday, July 25, 2026:

Another day in the recording studio. It happened last Thursday, and it had been no less than two months since I’d been there, the very same day I received my diagnosis of twice-exceptionality (autism and giftedness). Due to circumstances with the producer and his personal life, I couldn’t go before, and the truth is, I was really eager to continue recording songs for my next album.
This time, it’s a song about the nostalgia I feel when I think about the times I used to go out dancing. Initially, it was going to be a dance song, but it ended up being a pop song that’s going to be very catchy, and in which I’m exploring a softer vocal delivery that I think will work really well.
I also showed the producer a new song that’s going to be an experiment. Something folk-like, sung almost in a lyrical, spiritual style. We’ll see how it turns out, but I’m really keen to try new things, to make songs that, more than just singing, tell stories. In this one, I say that I was wrong to think I’d never find love.
I’ll record this next album without rushing, without the anxiety of before, and with my new philosophy: doing things for myself without always seeking the approval of others, something I’ve done my whole life to fit in and be accepted. Not anymore. Now it’s time to think about myself.
Kneeling Before Silence

There are moments when the world stops demanding answers.
The mist erases the horizon. The path disappears. Names, obligations, and noise fade into the distance. All that remains is the damp earth, the chill against the skin, and a breath that slowly returns to its natural rhythm.
To kneel is not always an act of submission.
Sometimes, it is simply an act of stillness.
It is choosing, for a few moments, to let go of the need to control everything, to understand everything, to decide immediately what comes next. It is recognizing that true strength can also be found in lowering your head and listening.
We live surrounded by voices telling us who we should be, what we should desire, and how quickly we must move. We are taught to play roles, to hide what makes us different, to present a version of ourselves that others will accept.
Silence asks for none of that.
In silence, I can stand exactly as I am.
With my certainties and my doubts.
With my light and my darkness.
With what I have overcome and what still aches.
With the way I love, the way I feel, and the way I seek.
The figure kneeling in the mist is not waiting for a miracle.
He does not need the heavens to open or a voice to reveal the meaning of existence.
Perhaps all he needs is to remain there long enough to remember something the noise had almost made him forget:
That he is still alive.
That he is still searching.
That he is still free to choose how he will walk the road ahead.
Mist is not only confusion.
Sometimes, it is protection.
When we cannot see too far ahead, we stop living in fear of the destination and begin paying attention to the next step. The future is no longer an overwhelming distance. There is only the ground beneath our feet, the air filling our lungs, and the quiet invitation to keep walking.
Darkness is not always the absence of light.
Some truths only reveal themselves when the lights go out.
Some parts of us need the night before they are willing to emerge.
That is why I am drawn to monasteries, cemeteries, ancient ruins, distant bells, and paths wrapped in mist.
Not because I long for sadness,
but because these places remind me of something the modern world is always trying to make us forget:
Everything is fragile.
Everything changes.
Our time is limited.
Yet this awareness does not lead to despair.
It leads to truth.
To living without betraying ourselves.
To speaking only what truly matters.
To loving without shame.
To stopping the endless postponement of life.
To entering our own soul without fear of what we may find.
Today, I do not need to understand everything.
Today, it is enough to be still.
To breathe.
To listen.
Somewhere beyond the mist, the path is still there.
But before I continue walking,
I choose to remain in silence for a little while.
Not to escape the world,
but to return to it a little more fully myself.
Arrodillarse ante el silencio

Hay momentos en los que el mundo deja de pedir respuestas.
La niebla borra el horizonte. El camino desaparece. Los nombres, las obligaciones y el ruido quedan lejos. Solo permanecen la tierra húmeda, la oscuridad de la ropa, el frío sobre la piel y una respiración que poco a poco recupera su verdadero ritmo.
Arrodillarse no siempre significa obedecer.
A veces significa detenerse.
Renunciar durante unos minutos a la necesidad de controlar lo que ocurre, comprenderlo todo o decidir inmediatamente cuál debe ser el siguiente paso. Reconocer que también existe una forma de fortaleza en bajar la cabeza y escuchar.
Vivimos rodeados de voces que nos dicen quiénes debemos ser, qué debemos desear y a qué velocidad tenemos que avanzar. Nos enseñan a interpretar papeles, a ocultar lo diferente y a presentar una versión aceptable de nosotros mismos. Pero el silencio no exige ninguna máscara.
En el silencio puedo presentarme tal como soy.
Con mis certezas y mis dudas.
Con mi luz y con mi oscuridad.
Con lo que he superado y con aquello que todavía duele.
Con mi forma de amar, de sentir y de buscar.
La figura arrodillada en medio de la niebla no espera una respuesta espectacular. No necesita que el cielo se abra ni que una voz revele el sentido de la existencia. Quizá solo necesita permanecer allí el tiempo suficiente para recordar algo que el ruido había ocultado: que sigue vivo, que sigue buscando y que todavía puede elegir cómo recorrer el camino.
La niebla no es únicamente confusión. También puede ser protección.
Cuando no vemos demasiado lejos, dejamos de vivir obsesionados con el destino y prestamos atención al siguiente paso. El futuro deja de ser una inmensidad amenazante. Solo existe el suelo que tenemos delante, el aire que entra en los pulmones y la posibilidad de continuar.
La oscuridad tampoco es siempre ausencia de luz.
Hay verdades que únicamente aparecen cuando los focos se apagan. Hay partes de nosotros que necesitan la noche para dejar de esconderse. La espiritualidad no debería expulsar esas zonas oscuras, sino enseñarnos a habitarlas sin miedo.
Por eso me atraen los monasterios, los cementerios, las ruinas, las campanas lejanas y los caminos cubiertos de niebla. No porque desee vivir en la tristeza, sino porque esos lugares recuerdan algo que el mundo moderno intenta olvidar: todo es frágil, todo cambia y nuestro tiempo es limitado.
Esa conciencia no tiene por qué conducir a la desesperación.
Puede conducir a la verdad.
A vivir sin traicionarnos.
A decir lo que importa.
A amar sin vergüenza.
A dejar de aplazar la vida.
A entrar en nosotros mismos sin miedo a lo que podamos encontrar.
Hoy no necesito comprenderlo todo.
Hoy me basta con detenerme, respirar y escuchar.
En algún lugar detrás de la niebla continúa el camino. Pero antes de seguir avanzando, permanezco unos minutos en silencio.
No para huir del mundo.
Para regresar a él siendo un poco más yo.
The Shards, la nueva serie de Ryan Murphy basada en la novela de Bret Easton Ellis

The Shards es una nueva serie de televisión producida por Ryan Murphy y basada en la novela «Los destrozos», título de Bret Easton Ellis. La producción se estrenará el 5 de agosto en FX.
La historia está ambientada en Los Ángeles en 1981 y sigue a Bret, un estudiante de 17 años que cursa su último año en una exclusiva escuela privada. La llegada de un nuevo alumno coincide con una serie de asesinatos cometidos por un asesino en serie conocido como The Trawler.
A medida que avanza la historia, Bret comienza a sospechar que el nuevo estudiante puede estar relacionado con los crímenes. La serie combina elementos de thriller psicológico, misterio, terror y drama adolescente.

The Shards está basada en la novela publicada por Bret Easton Ellis en 2023. El libro mezcla ficción y elementos autobiográficos y recupera algunos de los temas habituales en la obra del escritor, como la violencia, la sexualidad, la obsesión, las diferencias sociales y la vida de los jóvenes privilegiados de Los Ángeles.
Bret Easton Ellis es autor de novelas como Menos que cero, Las leyes de la atracción, American Psycho, Glamourama y Lunar Park. Su obra ha tenido una importante presencia en la cultura contemporánea y varias de sus novelas han sido adaptadas al cine.
El reparto de The Shards está encabezado por Kaia Gerber, Homer Gere, Graham Campbell, Igby Rigney y Marley Shelton.

Ryan Murphy participa en el proyecto como productor ejecutivo. El creador y productor estadounidense es responsable de series como American Horror Story, American Crime Story, Feud, Pose, Dahmer y Monsters.
La adaptación televisiva amplía la relación de Ryan Murphy con las historias centradas en crímenes, personajes marginales y acontecimientos oscuros de la cultura estadounidense.
The Shards se estrenará el 5 de agosto en FX y posteriormente estará disponible en Hulu.
Hoy

Durante años intenté convertirme en alguien que encajara.
Sonreír cuando tocaba. Actuar como se esperaba. Esforzarme por parecer “normal”.
Con el tiempo entendí que el problema no era ser diferente. El problema era pasar la vida intentando ocultarlo.
Descubrir que soy autista no cambió quién soy. Cambió la forma en la que entiendo toda mi historia.
Ahora ya no quiero parecerme a nadie.
Quiero ser cada día un poco más yo.
Quizá todos, autistas o no, llegamos a un momento en el que dejamos de vivir para cumplir expectativas y empezamos a vivir para ser auténticos.
Y, curiosamente, es ahí donde uno empieza a sentirse libre.
Today

For years I tried to become someone who fit in.
To smile when it was appropriate. To act as expected. To strive to appear “normal.”
Over time, I understood that the problem wasn’t being different. The problem was spending my life trying to hide it.
Discovering that I’m autistic didn’t change who I am. It changed how I understand my entire story.
Now I no longer want to be like anyone else.
I want to be a little more myself each day.
Perhaps we all, autistic or not, reach a point where we stop living to meet expectations and start living to be authentic.
And, interestingly, that’s where one begins to feel free.
Espiritualidad
Durante mucho tiempo pensé que la espiritualidad tenía que llegar acompañada de normas, respuestas cerradas y una forma concreta de entender la vida. Ahora empiezo a verla de otra manera.
Para mí, lo espiritual no nace del miedo ni de la obligación. Nace del silencio.
Lo encuentro cuando camino solo, cuando entro en un cementerio y todo parece detenerse, cuando escucho voces antiguas elevándose en una iglesia vacía, cuando una melodía me atraviesa sin que sepa explicar por qué. Lo encuentro en la penumbra, en el sonido de las campanas, en el aire frío, en las piedras gastadas y en esa sensación de que la vida es mucho más profunda de lo que vemos cada día.
No necesito comprenderlo todo.
Me basta con detenerme.
Sentarme en silencio. Respirar. Dejar de luchar contra mis pensamientos. No pedir nada. No intentar demostrar nada. Permanecer unos minutos ante aquello que no puedo nombrar, pero que a veces siento cerca.
Mi espiritualidad no quiere separarme de quien soy. No quiero recorrer un camino que me obligue a esconder mi cuerpo, mi sexualidad, mis contradicciones ni mi forma de amar. No creo que acercarse a lo sagrado deba significar alejarse de uno mismo.
Al contrario.
Creo que un verdadero camino interior debería ayudarnos a vivir con más honestidad, más libertad y más compasión. Debería enseñarnos a mirar nuestras heridas sin avergonzarnos, a aceptar nuestras zonas oscuras y a comprender que también allí puede existir belleza.
Siempre me han atraído los lugares que hablan del paso del tiempo. Los cementerios, las ruinas, los monasterios, las estatuas erosionadas, los árboles desnudos. No los percibo únicamente como espacios tristes. Hay en ellos una quietud que el mundo moderno casi ha perdido.
Nos recuerdan que todo cambia.
Que todo termina.
Y que precisamente por eso debemos vivir de verdad.
La espiritualidad que busco no promete una vida sin dolor. Tampoco me ofrece soluciones fáciles. Lo que me ofrece es una manera distinta de atravesar la oscuridad: con presencia, con profundidad y con la certeza de que no todo lo que importa puede explicarse.
Quiero aprender a rezar sin repetir palabras vacías.
A meditar sin exigirme dejar la mente en blanco.
A escuchar música como quien abre una puerta.
A caminar como si cada paso pudiera devolverme al presente.
A reconocer lo sagrado en el amor, en el deseo, en la belleza, en la soledad elegida y en los pequeños instantes de paz.
Este nuevo camino no consiste en convertirme en otra persona.
Consiste en regresar a mí.
En dejar atrás el ruido, las culpas heredadas y las ideas que nunca fueron realmente mías. En descubrir una espiritualidad que no me castigue por existir, que no me pida máscaras y que no convierta el miedo en virtud.
Una espiritualidad oscura, sí, pero no desesperada.
Una espiritualidad de velas, música, silencio y cementerios.
Una espiritualidad abierta, libre y profundamente humana.
Un lugar interior en el que pueda entrar tal como soy.





